El viernes 25 de septiembre, el presidente mexicano exhibió el extremo de sus presuntos temores a la prensa crítica.

         Y es que, en opinión del mandatario, existe una suerte de “tribunal mediático” que, según él sin razón, lo lleva cotidianamente al patíbulo.

         Es decir, según el imaginario presidencial, la revisión del contenido de 148 columnas políticas y de opinión –de los principales diarios nacionales–, revela que 66 % “lo atacan”, 10 % “lo apoyan” y 23 % “son neutrales”.

         Dicho de otro modo; para López Obrador es razón de Estado –por encima de los grandes problemas nacionales–, lo que escriben y dicen un puñado de integrantes de la “opinión pública”, nacional que, según el mandatario, “lo atacan” por quién sabe qué razones perversas.

         Lo cierto es que el espectáculo mediático preparado el pasado viernes –en la “mañanera” presidencial–, fue un intento fallido por demostrar que en el gobierno de López existe autentica libertad de expresión, al tiempo que son exhibidas las “voces perversas” de la “opinocracia” que “lo ataca” sin piedad.

         Lo que queda claro, sin embargo, es que al presidente mexicano no le provocan miedo las críticas de columnistas y articulistas, sino que el verdadero pánico es a que los mexicanos descubran la realidad; una realidad que todos los días confirma el fracaso en todos grandes temas nacionales.

         Por ejemplo, fracaso en seguridad y violencia; fracaso en la atención y contención de la pandemia; fracaso en la prioridad para los desposeídos y los pobres; fracaso en la economía, llevada a la ruina; fracaso en la lucha contra la corrupción y, sobre todo, fracaso general en el gobierno que mayor esperanza despertó en el nuevo siglo.

         Por eso, el presidente y sus voceros –apoyados en la red del aplauso oficial–, recurren al maniqueísmo, al engaño y la mentira, con el fin de distraer a los ciudadanos del fracaso del siglo; de la ruina económica del siglo, del engaño del siglo, de la estafa del siglo, de la pandemia del siglo y del gobierno más criminal del siglo.

         Y es que cuando López Obrador recurre a la estratagema maniquea de clasificar entre “atacantes”, “apoyadores” y “neutros” a los críticos de su gestión –auténtico atentado a las libertades fundamentales–, en realidad el presidente mexicano recurre a “La Pragmática” de Los Reyes Católicos, del 8 de julio 1502.

         ¡Sí, AMLO regresa cinco siglos el reloj de la democracia mexicana! Regresa a la primera Ley de Censura de que se tenga registro!

¿Fue un acto de censura la “mañanera” del pasado 25 de septiembre?

Sí, está claro que la clasificación arbitraria de sus críticos, realizada por

Obrador, en realidad es un grosero acto de censura, propia de “La Pragmática” impuesta por Los Reyes Católicos en 1502.

 ¿Lo dudan? Vamos por partes.

         1.- Parece que el presidente Obrador ignora que el pensamiento es una facultad inherente a los seres humanos; facultad que hace la diferencia frente al resto de los seres vivos; facultad que, en tanto derecho natural, no es sujeto de regulación o norma legal alguna.

2.- Ese derecho natural llamado pensamiento, se manifiesta a través de otras facultades humanas, como el lenguaje –hablado, escrito, corporal…–, que al conocerse en comunidad se convierten en una libertad fundamental en toda democracia; la “libertad de expresión”.

3.- Por eso, en todas las democracias la “libertad de expresión” es el termómetro que permite medir la salud de tal o cual democracia.

4.- En México, el gobierno federal y el presidente López Obrador se han propuesto cancelar la libertad de expresión, no sólo por la vía de la censura oficial y la censura previa –que son parte de la clasificación entre críticos “buenos”, “malos” o “neutros” para su gobierno–, sino a través de la persecución de periodistas e intelectuales y, en especial, mediante la imposición de una “verdad oficial”.

5.- En efecto, la implantación de una “verdad oficial” –como la que todos los días pregona López Obrador en sus mañaneras–, es la muestra contundente –a los ojos de todos–, de que no existe libertad de expresión; ya que la realidad ha sido suplantada por “los otros datos” de López Obrador.

6.- De esa manera –y siempre según la maniquea versión de Obrador–, todo aquel que opine, escriba y/o disienta de la “verdad oficial” de AMLO, no sólo estará atacando al presidente, sino que le estará mintiendo a la sociedad.

7.- Por eso el presidente exhibe de manera pública a quienes critican su “verdad oficial” y los presenta como aquellos que engañan a la sociedad; son, según la versión del presidente, las voces perversas que faltan a la verdad, que opinan sin fundamento y que están lejos de la objetividad oficial.

8.- Y es que el presidente Obrador tampoco quiere entender que el género periodístico de opinión –en tanto producto nato del pensamiento–, por definición es subjetivo, único e indivisible y, por tanto, resulta una estupidez suponer que debe apegarse a la objetividad de los hechos.

9.- Hoy, por ejemplo, todos los ciudadanos podemos suponer –y opinar de esa manera–, que ha fracasado la lucha contra la violencia, la lucha contra la pandemia, la política económica y la política social, sólo con ver los resultados y sin necesidad de ser expertos en seguridad, salud y economía.

10.- Pero el presidente López tampoco quiere saber que los periodistas. columnistas e intelectuales a los que sataniza todos los días, son parte de “la opinión pública”, una institución fundamental de todo Estado democrático y que, por ejemplo, se tipifica con toda precisión en constituciones como la española.

En el fondo, cuando Obrador exhibe a los críticos de su gobierno, el mensaje que manda es que solo existe una verdad, “la verdad oficial”, la verdad de López, la verdad de su gobierno; más allá de que los hechos confirmen, también todos los días, que el de AMLO es el peor gobierno de la historia.

¿O habrá algún mexicano, más allá de los aplaudidores a sueldo, que dude que el de Obrador es el peor gobierno de la Historia?

Al tiempo.