En 2 años, sanciona Anticorrupción a 4 mil servidores públicos
Gracias a 200 pesos y, después de un breve regateo, tengo en mis manos un “peligroso” libro. Fue publicado en 1905 y tiene palabras introductorias de Juan de Dios Peza, el amigo de Acuña y también del autor de mi pequeña joya. Lo merqué en la feria del libro de ocasión, que, con sus productos tentadores, se extiende bajo la sombra de Carlos IV. Frente a las carpas con volúmenes usados se desarrolla la otra feria, la del Palacio de Minería.
De mi incursión bibliográfica me quedan tres experiencias: 1.- la presentación, junto con el estudioso Marco Antonio Mendoza Bustamante, de un libro sobre el cadáver de Felipe Ángeles, el famoso artillero que le siguió la corriente a Villa y fue fusilado por mi paisano Venustiano Carranza; 2.- las reflexiones publicadas por mi cuate Rafael Pérez Gay sobre las dificultades de la industria editorial y 3.- el sabor de una fabulosa torta de milanesa en un lugar llamado Salón Corona.
Rafa nos dice: “entre las muchas destrucciones que este Gobierno le ha impuesto a la sociedad mexicana, no la menor de ellas es la del libro, la frágil y debilitada industria editorial se acerca al punto más bajo de productividad con todo lo que ello implica”. Esto sucede, nos relata, mientras México regala millones de libros al extranjero y la UNAM hace casi imposible, a las medianas y pequeñas editoriales, establecer un punto de venta en la feria del libro de Minería.
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