SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 19 de abril de 2020.- En días recientes ha circulado en redes sociales un aviso de cuarentena de la Oficina de Salubridad de la ciudad de Puebla con fecha de 19 de octubre de 1918. El escrito, hecho por el doctor Luis Unda, recomienda a los ciudadanos no concurrir a lugares de reunión como cines, teatros, templos, entre otros, además de evitar las visitas a casas o habitaciones donde existan enfermos y lavarse las manos de manera constante.

Aunque parezca que hace poco más de 100 años también se estuvo en cuarentena por Covid 19, la realidad es que fue la pandemia de la gripe o influenza española la que causó grandes estragos a la población nacional y mundial.

Esta historia comienza a principios de 1918, cuando miles de personas comenzaron a enfermarse y presentaron síntomas de debilidad, neumonía, problemas estomacales, dificultades para respirar, confusión y fiebre.

De acuerdo con una publicación de la Institución Smithsonian, estudios indican que la pandemia de influenza comenzó en Estados Unidos, probablemente en el condado de Haskell, Kansas, y se propagó a Francia con la llegada de las tropas estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial.

Su nombre se deriva de la neutralidad de España en la Primera Guerra y a la atención que recibió ante el contagio del rey Alfonso XIII. Los medios de comunicación españoles hicieron una amplia cobertura de la enfermedad y las consecuencias que padecía la población.

Y LLEGÓ AL PAÍS

En México se estima que hubo casi medio millón de muertos. La enfermedad llegó a finales de septiembre de 1918, aunque los periódicos comenzaron a informar sobre la enfermedad a partir de octubre.

El puerto de Veracruz fue una de las vías por las que se extendió la enfermedad, siguiendo los caminos ferroviarios del territorio nacional. Por lo que en la ciudad de Laredo, Texas se detectaron los primeros casos; tres días después se anunciaba que los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila registraban un número importante de enfermos.

El Universal, en dos de sus publicaciones -fechadas el 10 y 11 de octubre de 1918-, describió la situación del país y las medidas impuestas por las autoridades de Salud.

“Departamento de Salubridad adopta medidas enérgicas para evitar que se propague la epidemia” y “La epidemia de influenza española. Mientras en México se dice que ha disminuido en el norte, de Monterrey se reciben noticias de que el mal recrudece. Los muertos mueren asfixiados. Desde hoy se hará el regado de las calles de la metrópoli con desinfectante”.

RESISTENCIA FERROVIARIA

La publicación México ante la pandemia de influenza de 1918: Encuentros y desencuentros en torno a una política sanitaria, de Miguel Ángel Cuenya -en la Revista Astrolabio del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina-, señala que el Consejo Superior de Salubridad impuso la suspensión de la comunicación ferroviaria entre los focos infectados (puertos de Veracruz y Tampico) y la frontera norte, con el resto del territorio nacional, en particular con el centro del país. No obstante, ante la inconformidad de pobladores y comerciantes, quienes se veían seriamente afectados, el Presidente de la República desautorizó la aplicación de un cordón sanitario.

Por lo que se aplicaron cuarentenas en los puertos, se aisló a los enfermos en los lugares apartados y se prohibió el ingreso a territorio nacional de cualquier persona que mostrara signos de la enfermedad, así como debían reportarse los casos de influenza en hoteles, casas de huéspedes y colegios, para ser trasladados a los nosocomios.

DE LA CDMX A TODO EL PAÍS

Las autoridades sanitarias, por su parte, actuaban conforme a las estipulaciones de reglamentos sanitarios elaborados a finales del siglo XIX. Estas marcaban que debían establecerse cuarentena, aislar a los enfermos, vacunación, limpieza de espacios públicos y privados, así como diversas disposiciones que los higienistas impulsaban, como el barrido de calles, el mantenimiento en buenas condiciones de los depósitos de agua, entre otras.

Estas medidas se aplicaron primero en la Ciudad de México, para después extenderse al resto del país.

Las principales causas de las defunciones, en su mayoría, eran por gripe y neumonía, así como por bronconeumonía y bronquitis.

Así como el Covid 19, los síntomas de la influenza española eran parecidos a los de cualquier gripe común. Sin embargo, las reacciones a la enfermedad, resultaban más violentas, pues los informes médicos del Hospital General de la Ciudad de México, señalaban que en algunos pacientes se presentaron hemorragias nasales, marcas de sangre en los ojos, pigmentación en la piel en el rostro de los enfermos, e incluso hemorragias pulmonares.

Ante este panorama los periódicos como El Universal, recomendaban a la población alejarse de cualquier enfermo de gripe y advertía de los síntomas de contagio: fiebre hasta de casi 40 grados, dolor corporal severo, diarrea, vómitos, dificultad para respirar y hemorragias.

Otros señalamientos pedían “alejarse de toda persona que estornude, tosa y escupa sin pañuelo. Evitar sitios muy concurridos. No usar los platos o toallas utilizadas por otras personas, a menos que hayan sido lavadas con agua hirviendo. No poner los labios en las bocinas de teléfonos, ni llevarse a la boca los lápices o cualquier objeto utilizado por otra persona. Estar al aire libre y a la luz del sol el mayor tiempo posible, utilizando ropa bien abrigada. Dormir en cuartos ventilados, caminar en vez de usar el tranvía, lavarse la cara y las manos cuando se llegue a casa. En caso de enfermedad, acostarse, permanecer aislado y llamar de inmediato al médico”, rezaba la publicación hecha el 24 de octubre de 1918 en los periódicos.