Escuela de Artes y Oficios Los Infante cumple 145 años
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 3 de febrero de 2026.- Elegir una carrera profesional es una de las decisiones más relevantes en la vida de una persona, no solo por su impacto individual, sino por las consecuencias que puede tener en la sociedad.
Cuando esta elección se guía únicamente por expectativas económicas, presión social o prestigio, y no por la vocación ni por principios éticos, los efectos trascienden el ámbito personal.
Las profesiones que trabajan directamente con personas —como la medicina, la psicología o el magisterio— requieren algo más que conocimientos técnicos. Su ejercicio implica responsabilidad social, toma de decisiones con impacto real y un compromiso permanente con el bienestar colectivo.
En el caso de la medicina, especialistas han insistido en que se trata de una práctica orientada al servicio. La vocación médica se sustenta en la entrega, el conocimiento y la atención constante a las necesidades de los pacientes, además de una actualización permanente frente a los retos de la práctica clínica contemporánea.

Esta visión coincide con la postura de Alfonso Petersen Farah, quien al presidir la ceremonia de la más reciente generación de médicos de la UAG, ha subrayado que la medicina no se ejerce únicamente desde la técnica. “Los médicos deben actuar con honradez y tratar con humanidad a sus pacientes”, afirmando que la ética y los valores humanos son componentes esenciales del ejercicio profesional.
Este razonamiento es extensivo a otras disciplinas. Un psicólogo sin vocación puede minimizar el sufrimiento ajeno; un docente sin ética corre el riesgo de formar generaciones sin pensamiento crítico ni sensibilidad social; un ingeniero ajeno a su responsabilidad social puede priorizar costos por encima de la seguridad o el impacto ambiental.
La vocación no garantiza infalibilidad, pero sí una disposición genuina a ejercer con responsabilidad, a mejorar de manera continua y a comprender que cada decisión profesional tiene consecuencias en la vida de otras personas.
Por ello, reforzar la reflexión vocacional y la formación ética desde las universidades no es un asunto secundario, sino una inversión directa en la calidad humana y profesional de quienes sostienen los pilares de la sociedad.
En un contexto donde el éxito suele medirse en cifras, productividad o reconocimiento, la ética profesional y la vocación siguen siendo factores invisibles, pero determinantes, para garantizar que el conocimiento y la técnica estén verdaderamente al servicio de la sociedad.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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