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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 25 de octubre de 2026.- Cuando una herramienta de inteligencia artificial puede redactar documentos, analizar información o resolver tareas en segundos, la ventaja profesional ya no consiste únicamente en hacer más rápido un trabajo. También importa saber qué pedirle, cómo evaluar sus resultados y cuándo no confiar en ellos.
La expansión de los agentes inteligentes está llevando a las empresas a reconsiderar qué habilidades necesitan sus equipos. La experiencia técnica sigue siendo importante, pero el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de interpretar contextos y la responsabilidad sobre las decisiones adquieren mayor relevancia.
Para Carla Mucharraz, directora de Talento Humano para México, Latinoamérica y Estados Unidos en la agencia de comunicación estratégica another, el cambio también obliga a las organizaciones a replantear cómo reconocen el valor de sus colaboradores.
La especialista advierte que la identidad profesional se ha construido durante mucho tiempo alrededor de aquello que cada persona sabe hacer mejor que los demás. Cuando la IA puede ejecutar algunas de esas actividades, las empresas necesitan ayudar a sus equipos a encontrar nuevas oportunidades de desarrollo, en lugar de concentrarse únicamente en las ganancias de productividad.
Los datos del Work Trend Index 2026 de Microsoft apuntan en esa dirección: 86 por ciento de los usuarios de IA encuestados considera sus resultados un punto de partida y mantiene la responsabilidad sobre el razonamiento. La revisión de resultados y el pensamiento crítico aparecen como capacidades relevantes para trabajar con estas herramientas.
Esto significa que utilizar IA no consiste en aceptar automáticamente sus respuestas. Un sistema puede producir información incorrecta, pasar por alto detalles o entregar resultados que no corresponden al problema planteado. La intervención humana permite cuestionar, verificar y decidir qué hacer con esa información.
También abre nuevas posibilidades. Si una herramienta reduce el tiempo dedicado a tareas repetitivas, una persona puede concentrarse en resolver problemas complejos, comprender mejor las necesidades de los clientes, desarrollar ideas o mejorar procesos.
Pero esa transición requiere capacitación y condiciones adecuadas. No basta con instalar una herramienta y esperar que los trabajadores descubran por sí mismos cómo integrarla a sus actividades. Las empresas necesitan definir responsabilidades, enseñar a utilizar la tecnología y establecer quién responde cuando una decisión automatizada produce consecuencias negativas.
El valor humano, por tanto, no desaparece frente a la inteligencia artificial: cambia de lugar. La experiencia, la creatividad, el criterio y la capacidad de comprender a otras personas pueden marcar la diferencia entre limitarse a utilizar una herramienta y saber dirigirla.
En un entorno laboral donde las máquinas ejecutarán cada vez más tareas, una de las habilidades decisivas será reconocer los límites de la tecnología y hacerse responsable de lo que se decide con ella.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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