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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 10 de mayo de 2026.-El psicoterapeuta Carlos Naranjo Picone advirtió que las conductas de apego extremo, dependencia emocional y manipulación dentro de la relación entre madres e hijos pueden convertirse en señales de alerta sobre vínculos poco saludables que, en casos más graves, podrían evolucionar hacia escenarios de violencia psicológica o física.
El especialista explicó que una de las primeras señales aparece cuando los hijos comienzan a sentir que cualquier decisión importante de su vida debe pasar primero por la aprobación emocional de la madre, incluso en aspectos relacionados con el trabajo, las relaciones de pareja o la vida social.

“Empiezas a sentir una responsabilidad constante sobre cómo se va a sentir tu mamá si haces algo o decides algo. Muchas veces aparece culpa por no dedicarle suficiente tiempo o no darle la prioridad que ella espera”, señaló.
Naranjo Picone indicó que este tipo de relaciones suelen ir acompañadas de chantaje emocional, ya sea de forma directa o indirecta, donde la madre busca generar culpa para mantener la atención permanente de sus hijos.
“Se vuelve una dinámica donde nunca es suficiente. Entre más atención recibe, más necesita. Más tiempo, más cariño, más comprensión, y si no lo obtiene, puede reaccionar desde el enojo o el victimismo”, explicó.
El psicoterapeuta detalló que el problema se vuelve más delicado cuando, además de la dependencia emocional, existen rasgos de impulsividad, narcisismo o poca capacidad de empatía.
“Cuando no existe inteligencia emocional o capacidad para reconocer límites, la conducta puede pasar de ser solamente dependiente a convertirse en agresivamente posesiva, manipuladora y dominante”, afirmó.
Sobre el llamado complejo de Agripina, explicó que se trata de una dinámica psicológica donde la madre percibe a sus hijos como una extensión de sí misma y desarrolla una necesidad excesiva de control sobre ellos.

“Hay una idea de pertenencia. La mamá siente que el hijo le pertenece y que puede decidir sobre su vida porque cree que se lo debe todo; ahí ya encontramos conductas mucho más agresivas y dominantes”, comentó.
El especialista añadió que en estos casos suelen aparecer características asociadas al trastorno narcisista de la personalidad, donde la persona se considera siempre con la razón y justifica cualquier acción bajo la idea de que “el fin justifica los medios”.
“Son perfiles donde existe mucho egocentrismo, impulsividad y una incapacidad para asumir responsabilidad sobre conductas dañinas”, señaló.
Carlos Naranjo expuso que en situaciones más extremas puede presentarse una visión completamente radical de las relaciones afectivas, donde predominan pensamientos de “todo o nada”.
“Ahí ya aparece una distorsión muy fuerte. Si no puedo controlar la situación o no puedo tener a esa persona como quiero, entonces surge la idea de destruir o eliminar aquello que representa una amenaza”, indicó.
Como ejemplo, mencionó el caso de Carolina Flores Gómez, exreina de belleza asesinada presuntamente por su suegra, quien de acuerdo con las investigaciones habría mantenido una relación de control extremo y dependencia emocional con su hijo.
“Ese tipo de casos reflejan justamente una dinámica donde la madre no soporta perder control sobre el hijo y termina viendo a la pareja como una amenaza”, explicó.
El especialista también habló sobre el filicidio, conducta en la que una madre agrede o priva de la vida a sus propios hijos, y señaló que suele relacionarse con cuadros emocionales severos, impulsividad extrema y frustración acumulada.
“Es una descarga de rabia, frustración y violencia donde aparece la idea de ‘o es mío o no será de nadie’. Ya hablamos de pensamientos sumamente peligrosos y violentos”, expresó.
Naranjo Picone señaló que muchas madres con conductas de dependencia emocional no necesariamente llegan a extremos violentos, pero sí afectan profundamente el desarrollo emocional de sus hijos.
“Generan personas llenas de culpa, inseguridad y miedo para tomar decisiones. Hijos que no aprenden a resolver problemas por sí mismos o que sienten que nunca pueden priorizar su propia vida”, explicó.
Añadió que estas dinámicas pueden dificultar la construcción de relaciones sanas en la vida adulta, debido a que los hijos terminan condicionados emocionalmente desde edades tempranas.


“Cuando una persona ya formó una familia o una relación de pareja, esa debería ser su prioridad natural, pero muchas veces no pueden hacerlo porque siguen atrapados emocionalmente en esa dependencia con la madre”, indicó.
Respecto a la atención psicológica, el especialista consideró fundamental intervenir de manera temprana para evitar que estas conductas se profundicen.
“Las madres necesitan aprender a entender su realidad desde otro ángulo y construir una identidad que no dependa únicamente de los hijos”, comentó.
Sin embargo, aclaró que el pronóstico de recuperación depende mucho del nivel de apertura emocional y capacidad de empatía que tenga la persona. “Cuando existe disposición al cambio, empatía y capacidad para reconocer errores, el pronóstico suele ser mucho mejor. El problema es cuando el narcisismo y el egocentrismo impiden reconocer que existe un problema”, concluyó.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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