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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 7 de mayo de 2026.- Descubrir en el patio trasero de mi casa a un par de mariposas amarillas revoloteando, como si jugaran o se enamoraran, me trasladó a tres escenarios distintos, aunque profundamente enlazados por el simbolismo místico y sagrado de ese color que la naturaleza reserva para lo extraordinario.
Lo primero que vino a mi memoria, con cierta nostalgia y algo de culpa, fue mi infancia. Entonces no entendía aún el respeto que merece toda forma de vida. Junto con la palomilla cortábamos ramas de chicleque o “tronadora”, aquel arbusto que abundaba en los terrenos baldíos, y salíamos a las calles a cazar mariposas amarillas que, por miles, cruzaban de norte a sur durante su migración entre primavera y verano.
Hoy sé que las mariposas, sin importar su color, están cargadas de simbolismo. Pero las amarillas poseen una fuerza especial: se les relaciona con el sol, el oro, la abundancia y la esperanza.
En distintas culturas ancestrales eran vistas como espíritus protectores de seres queridos; para otras, eran mensajeras que acompañaban las almas al inframundo. También simbolizan serenidad, creatividad y sabiduría.
Mientras observaba aquella danza ligera sobre el patio, inevitablemente recordé a las mariposas amarillas de Cien años de soledad, la obra inmortal de Gabriel García Márquez. Ahí acompañaban siempre a Mauricio Babilonia, enamorado de Meme Buendía, al grado de inundar la casa de la joven cada vez que él aparecía.

García Márquez contó alguna vez que esa imagen surgió de los recuerdos de su abuela, Tranquilina Iguarán, quien exterminaba con insecticida las mariposas nocturnas que llenaban su casa porque creía que eran de mala suerte. El escritor convirtió aquella superstición doméstica en uno de los símbolos más poderosos de la literatura latinoamericana.
Las mariposas amarillas también marcaron la historia surrealista de San Luis Potosí. Fue en 1947 cuando el excéntrico inglés Edward James quedó fascinado al verlas revolotear cerca de Las Pozas, en Xilitla. Aquella visión ayudó a inspirar la construcción del Jardín Surrealista que hoy da fama mundial al Pueblo Mágico huasteco.
Sin embargo, esas migraciones masivas que alguna vez pintaron el cielo prácticamente han desaparecido. El deterioro ambiental, la destrucción de ecosistemas y el calentamiento global han reducido drásticamente su presencia.
Por eso, cuando vea una mariposa amarilla, deténgase un instante. Obsérvela. Respétela. Cuídela.
Tal vez esté contemplando mucho más que un insecto. Tal vez esté viendo un pequeño milagro sobreviviendo al tiempo
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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