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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 8 de septiembre de 2026.- Hay comidas que necesitan muchos ingredientes para convertirse en un gran platillo, pero el más sencillo y delicioso solamente necesita una olla, agua, sal y tiempo.
Pueden llegar a la mesa recién cocidos, acompañados de tortillas humeantes y convertirse en una comida completa, reconfortante y profundamente mexicana.
Porque el frijol es quizá, el alimento que mejor representa la sencillez de nuestra cocina.
Está en la mesa de las familias, en fondas, mercados, cocinas rurales y urbanas, en los desayunos y en las comidas. Puede acompañar un huevo, una carne, unas enchiladas o ser el protagonista del plato.
Como ocurre con la tortilla y el chile, también el frijol tiene muchas caras.
Hay frijoles negros, bayos, pintos, peruanos, flor de mayo, flor de junio, blancos, una enorme diversidad que forma parte de las distintas cocinas regionales y que cambian, según la manera de prepararlos.
De olla, refritos, caldosos, espesos, enteros, machacados, con queso, con chile, con epazote o acompañados de diferentes ingredientes según la región y la costumbre.

El frijol sabe a casa
Pocas preparaciones tienen una relación tan estrecha con la memoria familiar. Cada cocina tiene su propia manera de hacerlos.
Hay quien prefiere dejarlos caldosos, quien los quiere espesos. Alguien agrega cebolla; otro, ajo. En algunas casas, epazote y en otras un chile. Hay quienes los machacan hasta dejarlos como una crema espesa y quienes disfrutan los frijoles enteros.
Porque el frijol no es una receta, es muchas recetas.
El alimento forma parte de la tradición agrícola y alimentaria de Mesoamérica y, junto con el maíz y el chile, integra una de las combinaciones fundamentales de la alimentación mexicana.
Tres ingredientes sencillos, pero que combinados pueden dar origen a una enorme cantidad de platillos. Resulta difícil pensar en la cocina mexicana sin esta combinación.
Una tortilla caliente con frijoles o frijoles refritos acompañando unos huevos. De relleno en una quesadilla, junto a unas enchiladas o como base de numerosas preparaciones como queso, chorizo, carne o con diferentes salsas, el frijol es la muestra de que la cocina mexicana tiene una capacidad extraordinaria para tomar ingredientes sencillos y convertirlos en algo inolvidable y nutritivo.

Los frijoles aportan proteínas de origen vegetal, fibra, vitaminas y minerales, por lo que representan una fuente accesible de nutrientes para millones de familias.
Los frijoles que hiereven en la olla despiertan la memoria del aroma que sale de la cocina, de la comida de todos los días, de la tortilla que se dobla para recoger los últimos frijoles del plato.
“Sírvete otro poquito". No importa si se trata de una comida sencilla o de una gran celebración, "le ponemos más agua a los frijoles" para que alcancen para todos.
Incluso cuando la cocina mexicana se vuelve sofisticada el frijol conserva esa esencia de alimento cotidiano que no necesita perder su origen y que habla de sencillez y de diversidad.
El frijol es uno de los alimentos que mejor representan la cocina mexicana porque no presume, permanece.
Una sencillez casi perfecta que ha acompañado a México, durante generaciones porque no hay mejor lujo gastronómico que llegar con hambre y encontrar una tortilla caliente en la mano y un plato de frijoles recién hechos.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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