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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 8 de septiembre de 2026.- Más que un ingrediente, es una herencia gastronómica que aprendimos a combinar con los más diversos sabores y que se convirtió en uno de los símbolos de identidad de nuestra cocina.
Hay quienes lo buscan y quienes lo evitan. Quienes pueden comerlo a mordidas y quienes apenas toleran unas gotas de salsa. Pero, para bien o para mal, resulta difícil imaginar una mesa mexicana sin la presencia del chile.
En una salsa preparada en molcajete, escondido dentro de un guiso o convertido en el ingrediente principal de una receta.

En México no solamente se come chile, México habla a través ese sabor picante.
Rojo, verde, amarillo, morado; fresco o seco; entero, triturado o convertido en salsa. El chile tiene tantas formas y variedades como diversidad gastronómica el país.
Jalapeño, serrano, poblano, ancho, guajillo, pasilla, chipotle, habanero, chilaca, cascabel y muchos más. Algunos aportan picor intenso. Otros aromas, sabores ahumados, notas dulces o incluso una cierta y delicada profundidad.
Porque una de las grandes virtudes del chile es que no sirve únicamente para hacer picante una comida, también aporta sabor, color y personalidad.

Un chile poblano puede convertirse en chile relleno; el jalapeño puede acompañar una comida o transformarse en rajas en escabeche; el chipotle aporta ese sabor ahumado que resulta inconfundible; el guajillo es protagonista de innumerables salsas y adobos, mientras que el habanero se ha convertido en identidad de la cocina Yucateca.
Y cuando el chile se seca, cambia. Adquiere otras características y se tuesta, se hidrata, se muele, se combina con especias y se convierte en la base de salsas, moles, adobos y marinados.

En el chile está en buena parte de las cocinas tradicionales porque sabe convivir con maíz, frijol, carne, verduras, queso, chocolate, frutas y, por supuesto, con la tortilla.
Es experimentar, combinar y transformar
Es la salsita que pasa de mano en mano hecha en el molcajete. Es la receta que alguien aprendió de su abuela. Es la salsa que cada quien asegura que “nadie la hace igual”.
Es gusto y es memoria. Son sabores que se paladean y se recuerdan.
Puede llevarnos de regreso a una cocina, a una comida familiar, a un mercado, a una fiesta o que se extrañan cuando se está lejos.
Durante el Mes Patrio hablamos de los símbolos que nos representan y México también está en esas pequeñas cosas que hacemos todos los días.
En una tortilla caliente. Un plato de frijoles y una buena salsa que apenas se coloca sobre la mesa, alguien pregunta “¿pica?”
La respuesta, nada confiable es: “poquito”.
Pero sin chile, la cocina mexicana simplemente no sabría igual.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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