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SAN LUIS POTOSÍ,SLP., 12 de septiembre de 2026.- La prevención de la desaparición de niñas, niños y adolescentes comienza con medidas de cuidado cotidiano, como mantener una comunicación abierta, conocer su entorno y establecer acuerdos sobre sus actividades.
Un mensaje de prevención difundido por el defensor de derechos humanos Manuel Guzmán García plantea cinco acciones que las familias pueden incorporar a su vida diaria. A estas recomendaciones se suma una medida fundamental respaldada por la legislación mexicana: ante la desaparición de una persona menor de 18 años, la búsqueda debe comenzar de manera inmediata.
Las redes sociales, videojuegos y aplicaciones de mensajería forman parte de la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes. Por ello, el acompañamiento familiar puede ayudar a identificar situaciones de riesgo.
La recomendación no consiste únicamente en prohibir el uso del celular, sino en establecer reglas, hablar sobre los riesgos de internet y conocer, de manera acorde con su edad, con quién interactúan.
Una señal de alerta puede presentarse cuando alguien les pide mantener una conversación en secreto, les ofrece dinero o regalos, o intenta convencerlos de ocultar información a sus padres o tutores.
Una regla sencilla puede marcar diferencia: si alguien les pide que “no le cuenten” a su familia, deben saber que pueden acudir inmediatamente a ella sin miedo a ser castigados.
Saber dónde están los hijos, con quién y a qué hora regresarán forma parte de las medidas básicas de cuidado familiar.
Más que imponer vigilancia permanente, es recomendable establecer acuerdos claros de comunicación, particularmente cuando los adolescentes salen solos o con amigos.
Compartir temporalmente la ubicación mediante herramientas tecnológicas puede ser una alternativa familiar, siempre que exista acuerdo y se respete la privacidad y autonomía progresiva de los adolescentes.
También es importante hablar directamente con niñas, niños y adolescentes sobre posibles formas de captación.
Una oferta de dinero por transportar un paquete, vigilar una zona o realizar alguna actividad aparentemente sencilla puede representar una situación de riesgo.
De la misma manera, una persona adulta que ofrece regalos, dinero, viajes o una relación sentimental a una persona menor de edad puede generar una situación de vulnerabilidad.
La recomendación es generar confianza suficiente para que niñas, niños y adolescentes puedan contar lo que les ocurre sin temor a ser juzgados.
Saber quiénes son los amigos de los hijos, dónde viven, con quién conviven y en qué lugares pasan su tiempo también puede ayudar a identificar cambios o situaciones de riesgo.
El acompañamiento familiar no significa necesariamente invadir su privacidad. Implica estar presentes, preguntar y construir redes de confianza.
La comunicación entre madres, padres, tutores y otros adultos responsables puede facilitar que una situación de riesgo sea detectada antes de convertirse en una emergencia.
Uno de los mensajes más importantes es combatir el mito de que una persona desaparecida debe esperar 24, 48 o 72 horas para ser buscada.
En el caso de niñas, niños y adolescentes, la Ley General en Materia de Desaparición establece que, ante una noticia, reporte o denuncia sobre su desaparición, debe iniciarse una carpeta de investigación y emprenderse una búsqueda especializada de manera inmediata y diferenciada.
Por ello, la familia debe reportar la desaparición inmediatamente ante las autoridades correspondientes.
Es recomendable tener a la mano una fotografía reciente, datos de identificación, señas particulares, información sobre la ropa que llevaba, número telefónico y otros elementos que puedan contribuir a su localización.
También puede ser útil conservar información del teléfono celular, incluido el IMEI, cuando se disponga de ella.
En los casos de menores de 18 años, las autoridades pueden valorar la activación de la Alerta AMBER. Entre sus criterios se encuentran que la persona sea menor de edad, que exista riesgo inminente de sufrir daño grave y que haya información suficiente para apoyar la búsqueda.
La no activación de una Alerta AMBER no significa que se suspenda la búsqueda: este mecanismo es independiente de las demás acciones de localización e investigación.
El objetivo de estas medidas no es sembrar miedo entre las familias, sino fortalecer la comunicación y la capacidad de reaccionar ante una situación de riesgo.
Conocer el entorno de niñas, niños y adolescentes, hablar sobre los riesgos digitales, establecer acuerdos de comunicación y mantener información básica actualizada puede facilitar una reacción más rápida ante una ausencia.
Y si la desaparición ocurre, no hay que esperar.
La legislación establece una búsqueda inmediata para niñas, niños y adolescentes desaparecidos.
Prevenir no significa vivir con miedo. Significa construir un entorno en el que niñas, niños y adolescentes sepan que pueden pedir ayuda y acudir a su familia ante cualquier situación de riesgo.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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