SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 24 de febrero de 2020.- Sede de los museos más famosos del mundo, una de las ciudades importantes del orbe por su historia, cultura, arte y sin duda un sitio de vanguardia para los artistas: París, Francia, es referente de cultura universal.

Es la ciudad que logró conquistar el potosino Alfredo Sosa, un artista que basa su obra en la iluminación de los seres humanos y cuya pintura es una forma simbólica para expresarlo con trazos sencillos, sin complicaciones, que tengan un diálogo directo con el espectador.

Nacido en la capital potosina en 1976 -hijo de un masón de profesión maestro y una ama de casa-, viajó al interior del estado a la edad de seis años para ser adoptado por Rioverde, municipio situado en la zona media potosina, que aún conserva muchas de sus obras y diseños, elaborados desde su adolescencia hasta su primera etapa como profesionista.

Actualmente Los Cabos, es residencia de Alfredo Sosa, que la ha convertido en su ventana al mundo por la importancia que tiene para el turismo, el arte y el entretenimiento, teniendo la posibilidad de exhibir sus creaciones en galerías, hoteles y las plazas públicas donde se dan cita grandes conocedores de la pintura y la escultura.

Ahí no solo cautivó al “mosquetero del arte” Juan Ramírez, el hijo espiritual de Salvador Dalí, sino a Denise Woirin, delegada del arte en París y representante de Francia en el International Art Exchange, cuyo presidente es Víctor Navarro. Tras conocer sus obras, le otorgaron una candidatura a la medalla de plata al Mérito de las Artes.

“Estos tres personajes, son parte fundamental en mi trayectoria internacional”, reconoció.

El 22 de diciembre de 2013, al artista de 43 años de edad, recibió esta condecoración por el Caballero de la Legión de Francia, Jean Paul de Bernis, Presidente de Le Mérire et Dévouement Francais Association Nationale, junto a ganadores del premio Nobel, medallistas olímpicos y ciclistas de la Tour de Francia, teniendo como sede el palacio de Luxemburgo.

La experiencia de por si única, tuvo otro punto neurálgico cuando los ganadores vivieron la oportunidad de revivir la flama del soldado caído en el Arco del Triunfo, estampando su firma y la frase “¡Viva México!” en un libro especial que es resguardado en el piso a través de un sistema mecánico.

INTROSPECCIÓN

“Mi obra es introspectivismo, porque nace de un momento de introspección, de la necesidad de expresarlo hacia el exterior”, cuenta Alfredo a Quadratín SLP, después de una jornada de dar clases de pintura en la casa de cultura de Los Cabos.

Considera que su temática central es el alma del ser humano y acepta una gran influencia de la geometría sagrada y de Pablo Picasso para expresarla.

“Picasso se inspiró en rostros primitivos africanos y de ahí nació el cubismo, mi obra ha observado los rastros primitivos y prehispánicos de México. Me encantan esos rostros expresivos de rasgos muy toscos y fuertes”, comparó.

“Mi obra está basada en la iluminación de los seres humanos, y mi pintura es una forma simbólica de esto”, explica.

El significado espiritual de su obra, lo vuelve material a través de una técnica mixta sobre lienzo, esmalte, óleo y acrílico, usando para sus esculturas la arcilla, el bronce y la resina, mezclando además naturaleza muerta con arcilla.

SU FORMACIÓN

Alfredo es hijo de Francisco Flores Nieto y Angélica Sosa, una familia conformada por tres hermanos. Su niñez quedó marcada por la temprana muerte de su padre en un trágico accidente automovilístico y sus tibios acercamientos con el arte formal, trasladando sus libretas convertidas en óleos a sus primeras clases de pintura.

“Era un niño muy inquieto, pero maduro porque tuve que sobreponerme a todas las adversidades como la falta de mi padre”, al tiempo de reconocer a su madre la increíble labor de sacarlos adelante.

Alfredo firma sus obras como Sosa, quizá por la simplicidad del apellido que le da identidad a su trabajo, pero también en honor a su abuelo materno que era pintor. “Mi madre me decía que yo había sacado su talento”, recordó.

Sus clases de pintura con maestros como Benito Juárez, lo llevaron a decidirse entre el arte y una carrera en la Fuerza Aérea Mexicana, imponiéndose lo primero, gracias a las enseñanzas de artistas como Martha García, Tere Palau, Carlos Rosillo y Juan Manuel Hernández Fraga, cuando estudiaba diseño industrial en la Facultad del Hábitat de la UASLP.

Rememora como si fuera ayer, la galería en los pasillos del Museo Regional del Río Verde, donde realizó su primera exposición. “Tiempo después me gradúe, regresé a Rioverde y abrí mi propio estudio, además de convertirme en el primer director del Museo Interactivo Colibrí, que en su momento fue comparado con el Museo Papalote de la Ciudad de México”, relató.

Sin embargo, al paso de casi un lustro, su ambición artística y destino personal y familiar, le tenían configurado su viaje a Los Cabos, su segundo hogar y la meca de su trabajo, sitio donde reside pinta, da clase, exhibe obras y desde ahí viaja por el país y el mundo.

RECONOCIDO

Los trazos y formas, el arte de Alfredo han permanecido por todo el mundo.

-IX Exchange d’Art International 2018 en Tenerife.

-Tercer lugar del Gran Premio Copa “Ice Club”, Francia.

-Roma ArtExpo Summer.

-International Art Exchange, París.

-Yokohama, Minato Mirai Gallery, Queens Tower en Japón.

-The colors of Coper International, Francia.

-Exposition France-Mexique en Montbard y Dijon, Francia.

-Focus International Art Festival 2016, Bangladesh.

-Galerías SoViArt en Polanco, en el Complejo de Artes Escénicas Santander en Guadalajara, y estación Juárez del Metro de la CDMX.