SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 9 de julio de 2019.- Fue carnicero, hojalatero, recolectó basura y limpió parabrisas, hasta que encontró su verdadera vocación: provocar las carcajadas de niños y adultos. Hoy enfrenta un tumor que debe ser operado y 50% de posibilidades de sobrevivir.

Édgar David Mateo Rodríguez, es el payaso Palita. Hace 25 años se colocó una nariz roja, pinceló su rostro con los colores más chillantes y salió a las calles dispuesto a dibujar sonrisas a todo aquel que se cruzaba en su camino… y lo logró.

Palita tenía 16 años de edad cuando descubrió que ser payaso era lo que realmente llenaba su vida. En ese entonces acudía cada fin de semana a la Plaza del Carmen a ver el espectáculo de Chonito y Cachito, colegas que meses después se convirtieron en sus maestros.

Han pasado más de dos décadas de funciones ininterrumpidas en el mismo espacio donde sólo era espectador; y aunque la congoja se asoma a la vida de Édgar, Palita sale al rescate para contagiarse de alegría.

Padre de dos hijos, quienes ya siguen sus pasos, Palita utiliza el don que Dios le regaló para llevar a cabo labores altruistas. Organiza eventos con causa, realiza espectáculos sin costo para niños enfermos o de escasos recursos y además cumple los más tristes deseos, como presentarse en un sepelio o visitar a un menor en etapa terminal de cáncer.

“Eso es lo más difícil de un payaso, prestarle tu cuerpo al payaso, porque cuando entra, sale completamente David, ya no soy yo; a mí muchos me dicen ‘¿a poco tú eres payaso?, es que eres bien aburrido’”, relata Palita, quien se describió como una persona bastante introvertida.

En entrevista recordó que hace 16 años su hermano fue asesinado y tuvo que dejar de lado la pena para cumplir con sus obligaciones y compromisos, “ahí es donde tienes que demostrar de qué estás hecho y demostrar quién eres, tú decidiste esto, maquillarte y hacer reír, y a la gente no le importa que hay atrás”.

Uno de los eventos que lo dejó marcado, fue un show en el sepelio de una niña de 15 años que habría perdido la batalla contra el cáncer, “me dijo mi cliente ‘espérame en las puertas del panteón’, nunca imagine de qué se trataba; llegó un cortejo fúnebre, se bajó una persona y me dijo ‘vámonos, es aquí adentro’.

“Ahí adentro ellos con la caja y yo haciendo lo que se podía, es una experiencia muy fuerte, ya no les cobré. Yo estaba temblando, me quería rajar, empecé cantándole Las Mañanitas y echándole una porra, yo creo es lo que más me ha gustado, que en ese momento a la gente se le olvidó que no estaba su alma, pero su cuerpo sí, fue un reto muy grande, que si me dicen es para tal situación, no hubiera ido”, compartió.

Palita, quien confía antes que nada en la voluntad de Dios, hoy enfrenta uno de sus peores capítulos: el diagnóstico medico dio positivo a un tumor maligno en su cerebelo y está próximo a ser intervenido quirúrgicamente, con un 50 por ciento de probabilidades de vivir.

Con voz entrecortada y aguantando el llanto, Palita aseguró que lo único que le preocupa es el futuro de sus hijos; “no me da miedo morirme, me da miedo dejar a mi hijo, yo estoy muy a gusto con Dios, yo se lo he dicho a Él, si quieres que me vaya yo acepto tu voluntad”.

Mareado y con los labios entumidos por los estragos de la enfermedad, Palita asiste como cada viernes a la Plaza del Carmen, se pone nuevamente la nariz roja y los descomunales zapatos para continuar el show.

“Soy como mi mamá ha querido que fuera, me ha enseñado unos valores muy padres, creer en Dios, trato de ayudar a quien yo puedo; me dijeron alguna vez ‘sé como la tierra: la siembras, sale el elote, lo cortas y ni las gracias le dan, tú así debes de ser…’ y así soy”.