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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 2 de febrero de 2026.- Antes de que amanezca y cuando el frío todavía cala en las manos, hay cocinas que ya están encendidas en distintas comunidades de San Luis Potosí. Son fogones que no solo hierven masa y vapor, sino historia, fe y herencia familiar.
Cada 2 de febrero, el Día de la Candelaria vuelve a colocar a los tamales en el centro de la mesa, y a quienes los elaboran, en el corazón de la tradición.
En la localidad de La Loma, perteneciente al municipio de Villa de Reyes, vive María del Rosario Segura, una mujer que desde hace más de cuatro décadas se dedica a preparar tamales como parte de una costumbre que aprendió no por herencia escrita, sino por necesidad. La falta de recursos para continuar con sus estudios la llevó, siendo joven, a aprender el oficio que hoy la identifica en su comunidad.
Desde entonces, cada temporada decembrina y especialmente para el Día de la Candelaria, su casa se transforma en taller y punto de reunión familiar.
Las desveladas son inevitables: la masa se prepara de noche, las hojas se limpian con cuidado y los guisos se afinan hasta alcanzar el sabor que sus clientes ya reconocen. Sus hijas participan en el proceso, desde el amarre hasta la entrega de pedidos que se distribuyen en localidades cercanas, convirtiendo el trabajo en un esfuerzo colectivo.


María del Rosario ya no vende tamales todo el año, ya que la edad y el desgaste físico la han llevado a concentrar su trabajo únicamente por pedidos y en fechas específicas, principalmente diciembre y el 2 de febrero; aun así, la demanda persiste.
En comunidades rurales, los tamales suelen venderse entre 14 y 20 pesos, dependiendo del relleno y del costo de los insumos, que en los últimos años se han elevado de forma constante.
El maíz, la manteca, la carne y hasta las hojas de maíz ya no se consiguen como antes. Por ello, muchas familias tamaleras buscan proveedores confiables y compran con anticipación para no perder ganancias; aun así, más que un negocio, el tamal sigue siendo un compromiso con la tradición.
En la capital potosina, la escena se repite de otra manera. En iglesias, colonias, mercados y calles del Centro Histórico, hombres y mujeres se instalan desde temprano para ofrecer tamales a quienes cumplen con la tradición de pagar los que salieron en la Rosca de Reyes. Algunos lo hacen todo el año; otros, como María del Rosario, solo en estas fechas clave.
El origen del tamal y su vínculo con la Candelaria
El consumo de tamales tiene raíces prehispánicas: para las culturas mesoamericanas, el maíz era sagrado y el tamal formaba parte de rituales religiosos.

Con la llegada del cristianismo, la tradición se fusionó con la celebración de la Presentación del Niño Jesús en el templo, dando origen a lo que hoy conocemos como el Día de la Candelaria.
Así, el tamal no solo alimenta el cuerpo: simboliza abundancia, comunidad y continuidad. En San Luis Potosí, son las manos de mujeres y familias enteras las que mantienen viva esta tradición, a pesar del cansancio, los costos y el paso del tiempo.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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