SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 3 de mayo de 2020.- En la actualidad las vacunas son parte importante de la medicina y para mantener la salud de la humanidad, evitan contagios, pandemias y en muchos de los casos, la muerte. Aunque la mayoría de las generaciones sabe que existe este tipo de tratamientos, apenas en el siglo pasado enfermedades como la poliomielitis eran una constante pesadilla, sobre todo para los padres con hijos pequeños.

El desarrollo de las vacunas es un campo en constante descubrimiento, porque muchas de las enfermedades modernas no tienen cura, como es el caso del coronavirus tipo Covid 19.

Sin embargo, podemos conocer la historia de las vacunas y contra qué enfermedades se han podido aplicar.

Viruela y la primera vacuna

Para poder explicar el origen de las vacunas hay que remitirnos a la viruela, una de las enfermedades más devastadoras en la historia de la humanidad a la que incluso se le atribuye el declive de civilizaciones enteras, y que históricamente ha matado al 30 por ciento de las personas que la han contraído.

Se cree que la viruela tiene su origen en la India o Egipto hace tres mil años. La prueba más temprana ocurrió en el faraón egipcio Ramsés V, fallecido en 1157 a.C.. Se pudieron encontrar marcas de viruela en su piel momificada.

El virus se extendió hacia las rutas del comercio en Asia, África y Europa, hasta llegar finalmente a América en el siglo XVI. Debido a que los indígenas no contaban con ninguna inmunidad, se estima que el 90% de las muertes fueron a causa de las enfermedades traídas por los colonizadores y no por la conquista militar.

Incluso contribuyó a la caída del Imperio Azteca, después de la llegada de los españoles en 1519; más de tres millones de pobladores sucumbieron al virus y las tropas indígenas quedaron debilitadas, lo que provocó una fácil derrota.

Antes del surgimiento de la vacuna, para combatir a la viruela se utilizaba la técnica de la “viruelización”, la cual consistía en infectar deliberadamente a la persona al introducir, con aire a presión, costras de viruela por la nariz. Quienes recibían este tratamiento, contraían la viruela de manera más leve y desarrollaban inmunidad de por vida, aunque no garantizaba que la persona estuviera libre de riesgos.

En 1796 surgió la figura de Edward Jenner, un joven inglés y futuro médico que realizó un descubrimiento clave para combatir la enfermedad. Gracias a un experimento, Jenner demostró que la inoculación de una variedad similar de la viruela, presente en las vacas, podía proteger a las personas de la enfermedad.

El experimentó tuvo como primer paciente a un niño de ocho años llamado James Phipps. Jenner raspó uno de los brazos del niño con material de una llaga de la viruela bovina. Después repitió el procedimiento, pero esta vez agregó una pequeña cantidad de viruela al pequeño James, con la esperanza de que desarrollara inmunidad contra el virus. Y así ocurrió.

Sin embargo, hasta 1840 el gobierno británico decidió suspender la técnica de la viruelización, una vez que analizó de forma exhaustiva el trabajo de Jenner y fuera aceptada su efectividad y seguridad en el proceso.

Este hecho fue clave para el posterior programa de vacunación y erradicación de la viruela.

En el año de 1967, entre 10 y 15 millones de personas contrajeron el virus, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS), comenzó una campaña mundial de erradicación basada en la vacunación. De forma gradual, la enfermedad se concentró en el Cuerno de África y el último caso conocido ocurrió en Somalia en 1977.

Poliomielitis no se vence

Este es uno de los virus que continúa afectando a la humanidad a pesar de que existe una vacuna.

Su primer caso documentado se remonta a la Antigua Egipto, en la momia de un sacerdote con un pie deformado que data del año 1200 antes de nuestra era. Para 1834 los casos dejaron de ser puntuales y apareció el primer brote epidémico en la isla Santa Elena, para extenderse poco a poco a Europa y Norteamérica.

No obstante, en 1952 un brote de la polio sacudió a la población de Estados Unidos, con una afectación de 58 mil personas, tres mil 145 muertos y 21 mil 269 sobrevivientes con secuelas graves.

Tres años después, se hizo público el descubrimiento de la primera vacuna contra la polio gracias a las investigaciones realizadas por el doctor Jonas Salk, que revolucionó el campo de las inmunizaciones. Aunque para tan importante suceso hicieron falta ocho años de investigaciones.

Su historia comenzó en 1947, cuando la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil en EU propuso al doctor Salk unirse a los trabajos que realizaba y tenían el objetivo de encontrar una cura para la poliomielitis.

El médico aceptó la propuesta y en 1952 obtuvo un primer resultado en una vacuna trivalente, probada con éxito en animales y un grupo de niños que ya habían desarrollado la enfermedad, por lo que la fundación decidió financiar una amplia campaña de vacunación que despertó el interés de la ciudadanía. Los niños que participaron en el ensayo fueron conocidos como “pioneros de la polio”.

En 1955 por fin se anunció que la vacuna era segura, potente y eficaz, y comenzó a utilizarse como tratamiento de manera inmediata.

Sin embargo, dos años después la vacuna desarrollada por el doctor Salk fue sustituida por una nueva, a cargo del doctor Albert Sabin, la cual es oral y está hecha a partir de un virus debilitado. Esta solución fue incorporada en la mayoría de las campañas de inmunización del mundo y se administra como un jarabe.

En 1988, los gobiernos presentaron la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis (IEMP), con el propósito de relegar al virus a los libros de historia. Con su creación, los casos registrados de polio han disminuido a más del 99% en la escala mundial, pero en los países de Afganistán, India, Nigeria y Pakistán, no se ha logrado detener la transmisión.

El sarampión, muy contagioso

Así como la polio, el sarampión es una de las enfermedades más contagiosas y graves causadas por un virus.

De acuerdo con la OMS, antes que se introdujera la vacuna en 1963 y se generalizara su uso, cada dos y tres años registraba epidemias que llegaban a causar cerca de dos millones de muertes al año.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), indica que el primer caso documentado de sarampión data del siglo IX, cuando un doctor persa publicó uno de los primeros registros de la enfermedad.

Tiempo después, en 1757, el médico escoces Francis Home demostró que el sarampión era causado por un agente infeccioso en la sangre de los pacientes.

En 1912, EU estableció a nivel nacional que el virus era una enfermedad de obligación declaratoria, por lo que tendrían que reportar todos los casos existentes, y en la primera década de reportes, contabilizó un promedio seis mil muertes cada año.

Aunque la vacuna comenzó a distribuirse en 1963, fue a partir de 1954 cuando iniciaron las investigaciones para encontrar un tratamiento efectivo. El virólogo John F. Enders y el doctor Thomas C. Peebles recolectaron muestras de sangre de diversos estudiantes infectados por el sarampión durante un brote en Boston, Massachusetts. La intención era aislar el virus en la sangre de los enfermos y crear una vacuna, lo cual lograron en un paciente contagiado de 13 años llamado David Edmonston.

En 1963, John Enders y otros de sus colegas lograron transformar su cepa del virus del sarampión Edmonston-B en una vacuna contra la enfermedad y comenzaron su distribución en EU. Cinco años después, Maurice Hilleman y sus compañeros desarrollaron una mejor e incluso más débil vacuna que comenzó a distribuirse por el territorio, llamada cepa Edmonston-Enders.

Usualmente, la vacuna del sarampión es combinada con la de papera y rubeola (MMR), o con paperas, rubeola y varicela (MMRV).