Poder Judicial analiza causas de rezago en sentencias penales
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 8 de marzo de 2026.- El sonido de los tambores comenzó a escucharse antes de que la marcha avanzara. Poco a poco, las calles del centro de San Luis Potosí se llenaron de mujeres que llegaban desde distintos puntos de la ciudad.

Algunas vestían de negro. Otras llevaban pañuelos morados o verdes atados en la muñeca, en el cuello o cubriendo el rostro.

El ambiente era diverso: estudiantes, trabajadoras, madres, activistas, niñas que caminaban tomadas de la mano de sus familias y mujeres mayores que avanzaban con paso firme.
Era el 8 de marzo, y la ciudad volvía a ser escenario de una de las movilizaciones más importantes del año.

Entre la multitud podían verse distintos colectivos y organizaciones: grupos universitarios, defensoras de derechos humanos, activistas por la inclusión de personas con discapacidad, colectivas feministas y familiares de mujeres desaparecidas.
Cada grupo llevaba sus propias pancartas.
En algunas se leían nombres. En otras había fotografías.

“Justicia”.
“Ni una más”.
“Nos queremos vivas”.
Las consignas comenzaron a repetirse como un eco que se extendía por las calles.
Algunas mujeres gritaban con fuerza. Otras levantaban el puño en silencio. Varias caminaban con lágrimas en los ojos mientras sostenían retratos de hijas, hermanas o amigas.

La marcha avanzó entre cantos, consignas y momentos de silencio que parecían pesar más que cualquier grito.
En varios puntos del recorrido, mujeres jóvenes se acercaban a abrazar a madres que llevan años buscando justicia.

Cuando el contingente llegó a la sede de la Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí, el ambiente se volvió más intenso.

Ahí, frente al edificio, varias madres tomaron la palabra.
Recordaron casos que siguen sin resolverse. Nombres que se repiten cada año. Historias que no deberían olvidarse.
La movilización continuó su recorrido mientras el cielo comenzaba a cambiar de color. Nubes grises cubrieron la ciudad y una ligera llovizna cayó sobre quienes seguían marchando.

Nadie se movió.
Las consignas continuaron.
Ahí surgió otra demanda: que no se retire la Alerta de Violencia de Género en la capital potosina. Varias participantes señalaron que antes de pensar en eliminar esa medida es necesario garantizar condiciones reales de seguridad para las mujeres.
La marcha siguió frente al Palacio de Gobierno de San Luis Potosí y el Congreso del Estado de San Luis Potosí, donde las voces volvieron a unirse para exigir acciones concretas contra la violencia.

El último tramo condujo hacia el edificio central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).
Ahí el ritmo de la movilización se detuvo por un momento.

Muchas jóvenes tomaron el micrófono para contar historias que durante mucho tiempo permanecieron en silencio: denuncias contra profesores, experiencias de acoso, miedo dentro de los espacios universitarios.
Algunas hablaban con voz firme. Otras apenas podían contener el llanto.
Pero cada palabra encontraba eco entre quienes escuchaban.

Cuando finalmente la movilización comenzó a dispersarse, las calles ya habían sido escenario de algo más que una marcha.
Habían sido el espacio donde miles de mujeres se reunieron para recordar, denunciar y exigir.

Porque la lucha no es solo por quienes marchan hoy.
También es por las que ya no están.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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