Estudiar en SLP cuesta menos con becas, apoyos y RedMetro
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 22 de octubre de 2025.- En la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) se respira tensión e indignación. Desde que trascendió que una alumna de la Facultad de Derecho fue víctima de una agresión sexual dentro de las instalaciones universitarias, el eco de la protesta estudiantil se ha convertido en una exigencia: justicia y espacios seguros para las mujeres.
El hecho, ocurrido en un recinto donde se enseña la ley, golpeó de lleno a la institución. El silencio oficial provocó enojo entre los estudiantes que reaccionaron a una organización activa: “Señor, señora no sea indiferente…”, se escucha en sus consignas, la indignación se lee en carteles, en mantas y en cada mensaje compartido en redes sociales.
Aunque la noticia de que ya se ejecutó una primera orden de aprehensión trajo un respiro momentáneo, la exigencia no se limita al castigo para un agresor, sino a la transformación de una estructura que ha permitido el acoso, el hostigamiento y la indiferencia dentro de las universidades.

No es la primera vez que el estudiantado potosino levanta la voz
En 2020 y 2022, la UASLP vivió paros estudiantiles y tendederos de denuncias que sacudieron varias facultades, principalmente las de Psicología, Ciencias Sociales y Derecho.
De aquellos movimientos nació la Oficina de Igualdad y Equidad de Género, así como nuevos protocolos para atender casos de acoso.
En 2022 también surgió el movimiento #UASLPsinAcoso, que unió a alumnas de diferentes campus para denunciar públicamente a docentes y administrativos señalados de hostigamiento sexual. Hubo investigaciones y suspensiones temporales, pero en muchos casos no se llegó a sanciones definitivas.
A estos episodios se suman diversas protestas por la inseguridad entre 2019 a 2023 en las que los estudiantes exigieron rutas seguras, transporte nocturno y vigilancia. Algunas medidas fueron implementadas, pero los reclamos persistieron, dejando el mensaje de que las autoridades reaccionan cuando el daño ya está hecho.
Lo que hoy ocurre en San Luis Potosí es reflejo de una ola nacional de movilización universitaria que ha tomado fuerza desde hace más de una década, donde el estudiantado se organiza, manifiesta y levanta la voz.
En 2019, alumnas de la UNAM iniciaron paros en facultades como Filosofía, Ciencias Políticas y Derecho, denunciando acoso y omisiones institucionales. Aquella lucha feminista obligó a las autoridades a reformar los protocolos de atención, abrir investigaciones y expulsar a agresores, además de colocar el tema de la violencia universitaria en la agenda nacional.
Un año después, los hashtags #MeTooUniversitario y #NiUnaMenos ampliaron el movimiento, conectando a miles de jóvenes de universidades públicas y privadas en todo el país. A través de redes sociales, las estudiantes encontraron un espacio para romper el silencio y crear redes de apoyo que trascendieron los muros académicos.

Pero los movimientos estudiantiles en México tienen una historia más larga. En 2014, los alumnos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) lograron detener cambios en su reglamento y abrir un diálogo nacional con el gobierno federal, demostrando que la organización puede revertir decisiones desde las aulas.
Y antes, en 2012, el movimiento #YoSoy132, nacido en la Universidad Iberoamericana, marcó un antes y un después en la forma en que los jóvenes se articulan políticamente. Aunque su eje fue la democratización de los medios, mostró la capacidad de articulación, presión y visibilidad que puede tener un movimiento estudiantil bien organizado.
En todos los casos, las movilizaciones iniciaron con una injusticia que las instituciones intentaron minimizar, y terminaron convirtiéndose en movimientos que sacudieron estructuras.

En San Luis Potosí, la exigencia estudiantil se mantiene con firmeza. Las alumnas piden justicia, medidas de prevención, castigo a quienes encubran y revisión de los protocolos universitarios.
El movimiento potosino se suma a una cadena de resistencias juveniles que, con distintos rostros y consignas, comparten lo mismo: la búsqueda de justicia. Lo que ocurre en la UASLP no es solo una reacción ante un delito, sino la expresión de una generación que ya no está dispuesta a normalizar la violencia ni a callar ante la impunidad.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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