Da Gobierno Estatal seguimiento permanente a los 59 municipios
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 21 de enero del 2026.- En el corazón del Centro Histórico de San Luis Potosí, las mañanas inician igual en la fonda de doña Eve, mujer de 63 años desde hace 33 vende sus tradicionales gorditas en un local del mercado. A las 10:30, con el barullo inaudible de los primeros clientes, aparece Mikael, el cobrador corpulento de acento extranjero, trepado en una motocicleta negra con casco oscuro, ya es parte del paisaje cotidiano.
—“Me dieron 10 mil pesos… y tengo que pagar todos los días. Si falto, vienen más tarde con molestia, o al otro día vienen dos, te amenazan y te maltratan, cuando no tienes de plano la cosa se pone fea”, cuenta doña Eve mientras tortea en el ardiente comal.
No es una deuda formal como la de un banco: no hay contrato, ni aval, ni plazos claros. Quienes ofrecen estos créditos, conocidos como préstamos “gota a gota”, entregan efectivo rápido, sin requisitos, a cambio de pagos diarios o semanales con intereses muy altos. Si no se cumple, la deuda crece y con ella, la presión.
Para Lore, su amiga y dueña de una pequeña estética en la capital potosina, la primera vez fue un alivio.
—“Tenía que comprar tintes en diciembre porque es buena temporada y no ajustaba, el banco no me presta porque estoy en buró. Me ofrecieron dinero fácil y por la desesperación lo tomas… pero ahora que me vienen a cobrar delante de mis clientas, entran con actitudes raras. Pues digamos que es humillante y da miedo”, relata.
El modus operandi es simple: llegan a negocios ambulantes y establecidos, incluso recorren el centro de dos en dos, entregan dinero en mano, y luego exigen el pago día tras día, gota por gota. Suelen desplazarse en motos, lo que les da movilidad y visibilidad frente a clientes y habitantes de la zona.
A simple vista parecen solo cobradores, pero estas prácticas están fuera del marco financiero formal y muchas veces se vinculan a actividades de extorsión o violencia. Cuando un comerciante se retrasa, no solo sube el interés: hay advertencias directas. “No es solo cuestión de dinero”, dice Lore, “te hacen sentir que si no pagas algo te va a pasar.”
Al cruzar la avenida, Don Vale, propietario de una pequeña ferretería desde hace dos décadas, resume la sensación de muchos:
—“No importa que haya seguridad privada o policías cerca, cuando vienen a cobrar no hacen nada. Se quedan, miran, se van, pero no hay una acción real.”
Expertos señalan que este sistema de préstamo creció precisamente porque las personas con negocios pequeños o sin historial bancario no encuentran opciones de crédito formal, lo que deja un hueco que estos prestamistas informales ocupan ofreciendo efectivo rápido.
Sin embargo, el costo real no es solo financiero, sino también social y de seguridad para quienes caen en la trampa.
Aunque en diversas entidades del país se han registrado detenciones de personas de nacionalidad extranjera, por su presunta participación en esquemas de préstamos y cobranzas violentas, las autoridades reportan que las detenciones no siempre se traducen en justicia efectiva.
Para doña Eve, Lore y Don Valentín, la deuda sigue allí, gota a gota, como un recordatorio diario de que, más allá de lo económico, hay un problema que va desde el primer apretón de manos hasta la presión constante frente a vecinos y clientes:
—“Se siente como si no hubiera otra salida, pagas y no baja la deuda… y aquí seguimos con la angustia”, concluye.
Nota editorial: Los nombres y ciertos datos de identificación en esta historia fueron cambiados para proteger la identidad de las personas entrevistadas, quienes manifestaron temor a represalias si sus datos reales fueran publicados.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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