Nada Personal
La salida de Aranza Puente del Partido Acción Nacional de San Luis Potosí (tras casi 23 años de militancia) es reflejo de lo que desde hace tiempo viene desgastando las estructuras del blanquiazul en la entidad: los panistas que “están sin estar”, solo aguantando las zancadillas.
Que una diputada -consejera estatal por 12 años, consejera nacional por tres, quien ocupó puestos estratégicos en tres directivas estatales y pionera como la primera mujer diputada por el entonces séptimo distrito- decida separarse y ejercer como legisladora sin partido evidencia un ambiente político interno sin interlocución, pluralidad y cohesión.
La explicación no se agota en diferencias personales; fue una decisión derivada de que hoy el partido ya no garantiza un ejercicio político “libre, equitativo ni respetuoso”, y el peso de esas palabras tiene eco porque vienen de alguien que vivió y construyó buena parte de ese partido desde adentro, lo reconozcan, o no. Y como ella, otros ex liderazgos que dejaron ir.
Recordemos a otros activos centrales: Josefina Salazar, estratega y exdiputada federal clave en la organización territorial; Sonia Mendoza, referente de estructura y fuerza electoral, nada menos que su candidata (y fuerte) a Gobernadora; Marco Gama, con amplia experiencia legislativa y política, liderando hoy al partido naranja.
Cada uno de ellos, terminó por desvincularse del proyecto panista local o por quedar distanciado de las decisiones estratégicas del partido. Hasta que dijeron adiós. El tema es que la pérdida de activos ha coincidido con retrocesos electorales y con dificultades para consolidar un liderazgo que trascienda el discurso de campaña. Aunque de pronto la soberbia les impida admitir y/o corregir.
Ahora bien, esta dinámica se agrava por la carencia de nuevos liderazgos que llenen esos espacios vacíos. Aunque figuras como el alcalde Enrique Galindo se hayan visto favorecidas por la maquinaria electoral panista para llegar a posiciones como el Ayuntamiento, no han terminado de asumir una militancia comprometida con el partido -manteniendo cierta distancia pragmática o estratégica- lo que evidencia que los acuerdos no cuajan del todo y que las lealtades son frágiles.
Al final, el mayor riesgo del PAN potosino -y de cualquier partido- está en la tentación de desestimar las pérdidas. La soberbia es mala compañera. Y para la Senadora, Verónica Rodríguez, el desafío será rescatar lo que aún tiene vida interna, lo que pueda.