Que el estómago se cierre en una situación estresante, que aparezca un poblado de mariposas ante el amor en el estómago, podría ser del todo metafórico, también tendría una explicación científica, ya que el aparato digestivo está tapizado por una red neuronal de tan amplio alcance, que algunos científicos lo han denominado » segundo cerebro».

El estómago es considerado el segundo cerebro del cuerpo humano, ya que tiene una gran cantidad de neuronas situadas en el tubo digestivo. El estómago va mucho más allá de procesar los alimentos que son ingeridos, no solo es importante cuidar los hábitos alimenticios para tener una buena calidad de vida, también es muy importante saber que cuidar bien el estómago es también cuidar de nuestro sistema nervioso central.

Las neuronas en el aparato digestivo son alrededor de 100 millones de estás, más de las neuronas que contiene la columna vertebral, estás células cerebrales controlan el movimiento intestinal o la secreción de sustancias al intestino para la digestión y están controladas por el sistema nervioso central y el autónomo.

Estás neuronas reciben señales del sistema nervioso central, pero además los médicos, tienen cada vez más claro que la función del sistema digestivo puede funcionar solo, teniendo su propia autonomía para tomar decisiones, es decir no necesita que el cerebro le diga qué hacer a diferencia de los demás órganos, aunque funciona de forma independiente del sistema nervioso central, se comunica con él a través de los sistemas simpático y parasimpático.

Se sabe también que el 70% de las células de nuestro sistema inmune vive en el intestino. El intestino está ligado a los niveles de estrés, ansiedad, depresión y al estado de ánimo. El 80% o 90% de la serotonina del cuerpo se encuentra en el tracto gastrointestinal.

La serotonina es un neurotransmisor que afecta muchas funciones corporales, como el peristaltismo intestinal, también se asocia a muchos trastornos psiquiátricos, su concentración puede verse reducida por el estrés e influye en el estado de ánimo, la ansiedad y la felicidad.

El sistema de creencias también están asociadas a problemas intestinales. Investigaciones recientes sugieren que si temes a ciertos alimentos y son consumidos puedes físicamente desarrollar síntomas. Los últimos diez años la investigación sobre el sistema nervioso digestivo y la flora microbiana ha revelado el profundo impacto en relación a la digestión y a nuestras emociones.

El segundo cerebro es el encargado de sentir las emociones básicas como el miedo, peligro, supervivencia y está conectado con los centros primitivos del cerebro a través del nervio vago. El segundo cerebro sería un sistema de procesamiento y decisión a nivel emocional, discierne lo que es peligroso de lo que no es para la supervivencia. Estás reacciones viscerales nos ayudan a calibrar las situaciones.

Para los animales la voz del cerebro entérico es una señal de información y comunicación, una señal intuitiva de sus tripas, a diferencia de nosotros solemos estar atrapados con tantos pensamientos, que hemos perdido está conexión intuitiva, no escuchamos a nuestro cuerpo y menos las señales que el cuerpo nos demanda.

La práctica de la atención plena o mindfulness y otras técnicas de meditación nos permite volver a observar nuestra experiencia corporal y desarrollar la intuición al escuchar las señales de nuestro cuerpo. Existe una hipótesis de que nuestros microbios modulan nuestro comportamiento. Los últimos estudios han llegado a la conclusión de que las bacterias intestinales intervienen directamente en la conducta y que las patologías gastrointestinales derivan con frecuencia en depresión y ansiedad.
Consejos para cuidar la salud de nuestro estómago:

Reduce niveles de estrés y ansiedad algunas prácticas que te pueden ayudar es haciendo algo de meditación, mindfulness o alguna otra actividad que disfrutes como jardinería, pintura, tocar algún instrumento, etc. Cuida tu alimentación que sea nutritiva, consume alimentos que contienen serotonina.

Come despacio, masticando bien la comida.

Bebé mucha agua.

Introduce infusiones en tu dieta.

Haz ejercicio.

Reduce el café, el alcohol y olvídate de los refrescos en tu dieta.