Sentencian a 14 años de prisión a Israel “N” por homicidio
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 20 de abril de 2026.- A las 9:00 horas del domingo sonó el reloj en la Estación de Bomberos número 6 “Tangamanga”, su tintineo parecía más escandaloso que el de los aparatos convencionales. Quizá porque llegué 15 minutos antes y la ansiedad de pernoctar en la base comenzaba a agobiarme.
En un instante la tuve frente a mí, Dulce Guadalupe Hernández. Una joven cuya sonrisa hacía juego con su nombre, de figura espigada -casi diría que frágil- amable, de solo 29 años, pero con un arrojo y experiencia en la rudeza, que intimidan.
Caminar en su realidad por todo un día era el reto. Escuchar, entender su historia y poder hablar del enorme valor de una mujer que logró integrarse a las filas del H Cuerpo de Bomberos -y además es paramédico- para salvar en algo a una ciudad llena de complejidades.
Dulce emigró de Mexquitic a la capital potosina a los 17 años para concluir sus estudios, y en ese camino terminó por cambiar la Estación Justino -comunidad donde nació- por la Estación de Bomberos, fue algo providencial.
EN GUARDIA
Dulce llega puntual a la estación Tangamanga y lo inmediato es inspeccionar que su equipo de trabajo esté en condiciones óptimas, revisa minuciosamente su traje estructural, guantes, y el casco azul que la distingue en la línea de fuego, rotulado con el número 290.

“Al principio no puedes evitar el miedo, un poco la desconfianza de entrarle a algo que siempre ha sido el trabajo rudo de los hombres, pero me propuse demostrarme a mí misma que soy capaz de superar mis propios límites y salir adelante, me siento satisfecha”.
Momentos después organiza el desayuno junto a sus compañeros de guardia, una dinámica cotidiana que ha fortalecido su labor como equipo y permite arrojarse con mayor confianza a la actividad operativa. La cuidan. Los procura. Se protegen todos.
Oraciones inentendibles, como robotizadas, vibran en la radio a las 11:00 horas, aunque es complicado entenderlas. “Fuga... fuga de gas... ruta al Condado del Sauzal” … apenas terminaba de descifrar la frase cuando Dulce ya tenía puesto el equipo y se encaramaba en la unidad para salir a toda velocidad.


Con la sirena encendida se abrieron paso entre el tráfico matutino, fue imposible ignorar la poca empatía y entendimiento de los conductores, no se orillaban, ignorando la torreta hacían el tránsito más complicado; al final, y en menos de 20 minutos, ya atendían la emergencia; Dulce realizó las maniobras precisas para cerrar la fuga, dando tranquilidad a la familia de ese hogar y a sus vecinos.
“Las fugas de gas son de los servicios más frecuentes, pero nunca se pierde el miedo. No sabemos qué va a pasar, si es pequeña o grande, todo puede cambiar en un segundo si explota y puedes salir lesionado”, señaló.
SALVAR VIDAS, APAGAR FUEGOS
De regreso se respiraba una tensa calma, y dice que así ocurre después de cada urgencia resuelta. Dulce recordó sus inicios en la Cruz Roja, corría el año 2015 y tuvo que atender a pacientes quemados o heridos durante accidentes, fue ahí su primer contacto con la valiente labor de los bomberos, no dudó demasiado para dar el primer paso.
“Yo ya era voluntaria y sentí que todo va al mismo fin, lo que ya hacía era ayudar a las personas, ser bombera es igual: salvas, apagas incendios, rescatas a la gente y como paramédico sabes qué hacer en cuanto a su salud, así que ambas cosas se complementan muy bien”.
Su historia es la de una adaptación valiente. Llegó a San Luis enfrentándose a una ciudad que le parecía inmensa y caótica. “No conocía las rutas de los camiones, todo lo veía enorme, pensaba que me iba a perder, no sabía usar un cajero automático ni las aplicaciones de transporte... muchas cosas que aquí son cotidianas, porque pues venía de una comunidad muy tranquila”.

Dejar el entorno agreste y enfrentarse a la jungla del concreto capitalino fue una especie de primer incendio personal, en su interior ardía la angustia, pero logró mitigarla con la misma determinación con la que ahora sostiene la manguera, apunta el chorro de agua y reduce a agua negra las llamas.
También existió un momento que puso en duda su decisión de vida, cuando tuvo que atender a un bombero gravemente lesionado durante un siniestro.
“Le había caído parte del techo y venía muy lastimado. Cuando lo vi, sí me dio miedo. Pensé: ‘¿sí voy a poder?’”, como si adivinara el miedo en sus ojos, fue el mismo uniformado quien le hablaba en medio del dolor para motivarla a no desistir.
Llegaron las 12:30 y, mientras esperaban el siguiente llamado, hubo tiempo de revisar el camión oficial. Fue necesario acudir a la estación central para cambiar un neumático y, bajo el sol cenital, Dulce tomó con gran destreza las herramientas, el gato hidráulico y mucha fuerza física para lograrlo.
“El equipo no puede fallar, no hay forma de llegar tarde a una emergencia porque los segundos son importantes, es la diferencia entre salvar una vida o perderla... ninguno de nosotros está pensando en lo segundo."
AMOR PATERNAL Y AMASIJOS DE MUERTE
En la jornada, recordó los momentos difíciles que también la han forjado en esta aventura: desde atender a su padre en una emergencia médica –“es lo más difícil porque te sientes incapaz”— hasta llegar primero al sitio de un grave accidente de autobús en Santa María del Río.
Había personas sin vida. Niños heridos, mujeres y jóvenes que clamaban auxilio. Días después todavía podía escuchar los lamentos, recuerda los estertores de las víctimas mortales, entre charcos color rojo carmesí, vidrios, amasijos de hierro, y la impotencia de no poder ayudar a todos. Tener que decidir.
En un entorno mayoritariamente masculino, Dulce es tajante: “El trabajo en equipo no es opcional, es lo único que hace que las cosas salgan mejor y afortunadamente lo he encontrado con todos mis compañeros”.
Acariciando el cofre del imponente camión rojo, se alegra de haber encontrado ese cobijo entre sus compañeros, además de la motivación necesaria para seguir adelante en cada guardia.
“Nadie me ha hecho sentir nunca que estoy por debajo, debido a mi género; y me enorgullece mucho que cada vez encontremos espacios con las mismas oportunidades, además que cada vez más hombres lo alienten”.
NOCHES INSOMNES
Un vaso de leche fría y pan dulce marcaron con ligereza la cena. Daban las 9 de la noche y sin ningún sobresalto, aún había tiempo para recordar muchos días, la misma rutina, pero nunca iguales. Todos han valido el esfuerzo. No se arredra en ninguno.

Dormir profundo no es una opción aquí, sin contar la rudeza de las camas. Una hora después castigaba la espalda en un colchón tan descarnado que puedes sentir la madera de las bases, o los barrotes, imposible adivinar la diferencia.
“Puedes dormir, pero en tu mente está la ansiedad de escuchar la radio en cualquier momento".
Pasada la medianoche, otro reporte: una mujer que no podía ingresar a su domicilio. La atención fue inmediata gracias a la ausencia de tráfico, 45 minutos después estaba resuelto y podíamos volver a los brazos de Morfeo, el Dios del sueño que pasaría la noche muy alerta. Una lluvia incesante nos acompañó hasta el alba sin mayor sobresalto.
La frescura de la madrugada llegó, eran las 6 de la mañana y así concluía el turno de Dulce, la chica de Mexquitic. Tender la cama religiosamente, limpiar la cocina, actualizar la bitácora, colgar el uniforme, el casco 290... su ritual cotidiano al amanecer en la base.
“No se me hace pesado, ya es algo con lo que vivo todos los días y en ninguno me arrepiento, si pudiera volver atrás no haría nada diferente”, checa su salida de guardia y me despide en el acceso con la misma simpatía con la que me recibió un día antes. Respeto y una profunda admiración es lo menos que puede sentirse por ella.

Se despide con el cuerpo oscurecido: pinceladas negras de neumáticos en las manos, hollín enmarcando su rostro y el cabello azabache, despeinado por el rigor del casco 290. Son todas marcas de 24 horas en la línea de fuego. Avanza con el cansancio a cuestas, pero pesa más el orgullo de reconocer en ella a la niña de Mexquitic que llegó con miedo, y hoy es escudo de esta ciudad.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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