Pide SEGE reforzar atención a la salud mental en escuelas
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 8 de octubre de 2026.- Hace 30 días exactamente que el tiempo se detuvo para estudiantes de la zona universitaria poniente, una tragedia sin precedente los colocó en medio de una angustia inenarrable que la mayoría no puede superar y mucho menos olvidar: Santiago, joven de reciente ingreso, tomó una fatídica decisión y perdió la vida dentro de las instalaciones mientras transcurrían las clases en las cinco facultades que ahí convergen.
Prensa en la zona universitaria, evacuación de todos los edificios, prisas, policía, ansiedad, peritos, miedo, padres deshechos y una tristeza infinita se mezclaron en el ambiente. Nadie encontró explicaciones para una tragedia de esa magnitud, nunca antes ocurrida, lo que sí esperaban era una respuesta institucional que al menos pudiera ayudarlos a contener todas esas emociones y entender que había condiciones para continuar en la normalidad.
Tampoco pasó. El director de la Facultad de Ingeniería, a la que recién había ingresado Santiago, ordenó que todos sus estudiantes regresaran al día siguiente. Así, el 9 de septiembre no les quedó mucho por procesar y solo resolvieron -por su cuenta- colocar mantas, cartulinas alusivas a la prevención del suicidio, veladoras, flores... un "no estás solo" tardío, para quien ya no estaba.
La Universidad Autónoma de San Luis Potosí pidió respeto para el acontecimiento, puso listones amarillos en una carrera atlética y fue así como rindieron tributo al estudiante efímero. En entrevistas posteriores, el rector, Alejandro Javier Zermeño Guerra, dio números fríos, presentó un protocolo que la mayoría de los alumnos advierten desconocer y precisó que no se puede atender la salud mental de quien no quiere ser atendido, dejando a los padres de familia toda la responsabilidad en ese contexto.
Un mes después, Quadratín San Luis volvió al lugar para conversar con alumnos de la Facultad de Ingeniería, aún aturdidos por la tristeza insondable de aquel capítulo, afirman que en los días posteriores su Universidad impartió conferencias y promovió que tomaran sesiones terapéuticas con los psicólogos que se encuentran dentro de las facultades, pero hoy ya no se habla del tema ni han continuado en forma permanente ninguna campaña de contención.
"El ambiente en la Facultad no será nunca el mismo, se ha vuelto muy triste y más en estos días de frío o lluvia (...) a la mayoría no nos gusta pasar por el lugar, ni subir las rampas, si estamos a la distancia y volteamos hacia allá, es como volver a verlo, a mí en lo personal me impactó demasiado y no puedo evitar llorar", narró Hilda, una joven entrevistada.
Todos los estudiantes consultados coincidieron en que los maestros se mostraron poco sensibles con el tema, unos incluso ni si quiera lo mencionaron y continuaron las clases como si nada hubiera pasado, invisibilizando algo que afectó la estabilidad emocional y académica de la mayoría de los jóvenes.
Ernesto, alumno de la ZUP, afirma que los docentes no se dan cuenta de lo que pasa en la vida de los alumnos, no quieren, no les toca; "yo me ausento mucho de clases debido a un diagnóstico de salud mental y ninguno se ha acercado a preguntarme si hay algún problema personal, asumen que falto porque me da flojera (...) entiendo que quizá no es algo que les toque resolver a ellos, pero lo que digo es que generalmente nos sentimos así dentro del plantel, no importa nada de tus emociones o mente".
Si los profesores de ingeniería no muestran empatía con el alumnado, es difícil imaginar que ocurre distinto en el resto de los espacios universitarios.
Todos los jóvenes entrevistados por Quadratín coinciden en que, mientras la universidad no ofrezca respuestas y acompañamiento, la comunidad estudiantil seguirá sintiéndose sola frente al duelo de haber perdido a Santiago y vivir un trauma como el que experimentaron. Lo peor es que no lo consideran un caso aislado de ausencia de empatía a insensibilidad, sino una señal permanente de la institución educativa frente a las tragedias que enfrentan sus alumnos, además de que a la mayoría de los docentes les faltan herramientas pedagógicas para ver con otros ojos la salud mental.
Quizá la voz de Santiago se apagó, en su pupitre se detuvo el tiempo, en los pasillos ensordece el silencio y el cielo gris cobija un duelo no resuelto. Pero una cosa es segura: sus compañeros no están dispuestos al olvido.
En memoria de Santiago.

Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
Síguenos en: Facebook | WhatsApp | X | Instagram | YouTube




