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Ciberactivismo, arma para las revoluciones sociales

Karina Méndez/Quadratín SLP
 
| 06 de diciembre de 2018 | 9:00
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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 6 de diciembre de 2018.- Este martes, la doctora en Ciencias Políticas y Sociales, Elsa Leyer Montoya, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), impartió la conferencia “Ciberactivismo Feminista” en la que expuso cómo el ciberactivismo es parte de la llamada cuarta ola del feminismo y los cambios que han ocurrido en la sociedad.

La creadora de MujeresNet.info, explicó que el ciberactivismo es el uso del internet y las redes sociales con el fin de discutir, comentar e informar, y llevar a la organización y movilización física y pública e incidir en la agenda pública, generar visibilidad y un impacto que puede llegar a ser internacional.

Indicó que no solo basta con compartir publicaciones y dar “me gusta”, sino también es necesaria la participación de las personas. “No debemos dejarnos llevar por ese espejismo de los likes”.

La velocidad y el alcance son las características del ciberactivismo, que además de tener una filosofía pacifica no busca hackear, dañar ni asesinar; y convierte a las personas en emisores y no solo receptores.

Por ello, advirtió, los dirigentes no se pueden comportar de la misma forma, ya que la ciudadanía puede reclamar cuando no cumplen o actúan de forma adecuada.

Señaló que varios estudiosos sobre el tema han establecido que el ciberactivismo puede ocasionar una ciberrevolución, que inicia con la generación de conciencia y deriva en la identidad con personas de la causa; después viene la organización, tanto “online” como “offline”; estos tres elementos provocan una movilización.

Esto origina un levantamiento, que puede parecer difícil más no imposible, pero que necesita de un detonante fruto de todas las inconformidades acumuladas y la frustración social que busca un cambio, el cual tendrá que reforzarse a través de un periodo de transición que puede resultar lento.

La expansión del ciberactivismo se da gracias a la “Web 2.0”, está internet que vivimos actualmente y donde él contenido es dinámico “dónde puedes arrobar, hacer tus hashtags” y que inició con los blogs y wikis; es la forma de crear información y conocimiento colaborativo y colectivo.

En cuanto al ciberactivismo feminista, presenta dos vertientes: el 1.0 y el 2.0.

El ciberactivismo feminista 1.0 (1995-2005) está relacionado con la cronología del internet y se tenía la idea que la red era “utópica” y que representaba la solución a todos los problemas que enfrentan las mujeres. Comienzan a surgir sitios web y las mujeres comienzan a acercarse a la tecnología, surgen diseñadores, creadoras de contenido y participes de la red.

La muestra más clara de esta etapa fue la transmisión en línea de la IV Conferencia Mundial de Mujeres en Pekín en 1995, que pudo ser seguida por féminas de diversas partes del mundo en su idioma original.

La doctora Leyer Montoya señaló que ese fue el momento cuando las mujeres se dieron cuenta del potencial que ofrecía internet como generadora de conocimiento.

En cuanto al ciberactivismo feminista 2.0 (2005 a la actualidad), explicó que representa la maduración y entendimiento de que internet no lo es todo y que tiene sus riesgos. En esta etapa comienza una critica en la que se establece que la red es un sistema patriarcal en el que se encuentra el mismo contenido “offline” como violencia, jerarquías, exclusión, entre otros aspectos.

Actualmente se habla de una cuarta ola del feminismo que forma parte de esta era tecnológica inmersa en las redes sociales e internet. En esta generación se cuestiona la violencia de género, las formas de violencia, la violación a los derechos fundamentales de las mujeres a través, mediante y con la ayuda del ciberactivismo.

Los ejemplos más claros del ciberactivismo feminista 2.0 son: el movimiento “Tren de la libertad” de España en 2004, cuando legisladores españoles intentaron reformar la ley del aborto con la intención de “regresar a la época del oscurantismo”. Las mujeres se organizaron y viajaron por tren hacía diversas ciudades del país, y en cada una de ellas se formó una movilización en contra de la reforma. Este movimiento organizado a través de redes sociales tomó tanta fuerza que fue cancelada la modificación a la ley.

El movimiento “La marea verde” en Argentina durante este año en el que ciudadanas argentinas convocaron a las mujeres por un aborto gratuito, libre y seguro. Aunque el Senado desestimo la ley aprobada por los Diputados, se logró que mujeres de toda Latinoamérica salieron a la misma hora a marchar por sus derechos.

Por último, el movimiento “#Metoo”, una de las organizaciones ciberactivistas con mayor peso y resultados en legislaturas, inició con la denuncia de cientos de mujeres de la empresa hollywoodense que denunciaron el acoso y agresión sexual que sufrieron por parte de hombres de la industria.

La doctora Leyer Montoya, señaló que este movimiento, que logró un alcance en 85 países, visibiliza el tamaño del problema de la violencia hacia las mujeres, no solo en la industria del cine, sino también en el área académica, de la música, la ciencia y la política, y se comienza a ver que existe una violencia estructural.

Sin embargo, indicó que hay dos grandes problemas en el ciberactivismo feminista: la brecha digital y la violencia de género digital. Señaló que la brecha digital es relevante ya que provoca que una parte de la población este rezagada; sino se tiene acceso a internet, se afecta la vida cotidiana de las personas.

Informó que, durante 2016, en México el 51.5% de mujeres tienen conexión a internet, pero esto no significa que tengan acceso, se debe analizar si aprenden, conocen, usan y comunican por medio de la red.

La brecha salarial de género también tiene un impacto en el acceso a internet. Mientras que, en 2016, solo 894 mil 288 mujeres mexicanas percibían un equivalente a cinco salarios mínimos en comparación a 2 millones 73 mil hombres que reciben el mismo sueldo.

En cuanto a la violencia digital, Leyer Montoya, declaró que esto impide que las mujeres se apropien de la tecnología, las redes e internet debido a que existe el miedo a las amenazas y ataques sexistas si comparten o publican contenidos feministas, por lo que muchas se relegan para evitar este tipo de situaciones. Agregó que el acoso, el hostigamiento y la difusión de contenidos sin consentimiento reflejan la violencia de género presencial.

La doctora invitó a cuestionarse si el ciberactivismo feminista ha funcionado en México, ya que las cifras de feminicidios indican que hay un aumento de la violencia de género, y si existe este ciberactivismo identificar en qué fase no encontramos y qué detonante se necesita para lograr un cambio en el país, “cuanto más necesitamos para ya explotar”.

Por último, agregó que el ciberactivismo feminista consiste en una revolución ideológica, con un proceso más lento debido a que se tiene que cambiar mentalidades, pero que tampoco “estamos para esperar a ver cuantas más (mujeres) mueren”.