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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 25 de agosto de 2026.- El problema no es solamente cuánto azúcar se agrega al café o se consume en un postre. En México, más de seis de cada 10 niñas, niños y adolescentes consumen diariamente cantidades de azúcares añadidos superiores a las recomendadas, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
El análisis de las rondas 2020-2023 de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) encontró que 67.1% de la población escolar de 5 a 11 años y 64.7% de los adolescentes de 12 a 19 años supera las recomendaciones internacionales de consumo de azúcares añadidos.
El dato permite dimensionar un problema que suele reducirse a la idea de que una persona simplemente “come mucho dulce”. La exposición ocurre a través de distintos productos y bebidas, particularmente aquellos con azúcares añadidos, y forma parte de un patrón alimentario que puede mantenerse desde la infancia.

La propia ENSANUT identifica a las bebidas endulzadas como uno de los grupos de alimentos no recomendables con mayor presencia en la dieta mexicana. En el caso de los preescolares, por ejemplo, 82.6% reportó consumo de este tipo de bebidas en el análisis de la ENSANUT 2022.
Esto significa que contabilizar únicamente las cucharadas de azúcar que una persona agrega voluntariamente a sus alimentos deja fuera una parte importante del consumo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres representen menos de 10% de la ingesta calórica diaria y señala que reducirlos por debajo de 5% puede generar beneficios adicionales.
México enfrenta, además, un escenario de alta prevalencia de sobrepeso, obesidad y diabetes. La ENSANUT reportó una prevalencia de obesidad de 37% entre adultos mexicanos en el periodo 2020-2023.
En el caso de la diabetes, la ENSANUT 2022 estimó una prevalencia total de 18.3% entre la población adulta, equivalente a aproximadamente 14.6 millones de personas, al sumar los casos diagnosticados y aquellos que no habían sido identificados previamente.
Los datos no permiten afirmar que el azúcar sea, por sí sola, la causa de estos padecimientos. La obesidad y la diabetes son problemas multifactoriales en los que intervienen alimentación, actividad física, genética, condiciones sociales y otros factores.

Sin embargo, el consumo elevado de azúcares libres sí forma parte de los factores que las autoridades sanitarias buscan reducir. La OMS también reconoce al consumo frecuente de azúcares libres como un factor de riesgo importante para la caries dental.
Aquí está una diferencia importante para evitar una conclusión incorrecta.
Las estadísticas oficiales no contabilizan a los mexicanos como personas “adictas al azúcar”. Lo que sí pueden medir es la frecuencia y cantidad de consumo de determinados alimentos y bebidas, así como sus vínculos con indicadores de salud.
Por eso, más que hablar de una epidemia de “adicción al azúcar”, el fenómeno puede entenderse como una exposición elevada y cotidiana a productos con azúcares añadidos, particularmente relevante entre niñas, niños y adolescentes.
El reto para México no está únicamente en eliminar los dulces de la dieta, sino en identificar cuánto azúcar añadido llega diariamente a la alimentación a través de bebidas, productos procesados y otros alimentos.
Con 67.1% de los escolares y 64.7% de los adolescentes por encima de las recomendaciones, el dato deja de ser una cuestión de hábitos individuales y se convierte también en un indicador de salud pública.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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