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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 27 de agosto de 2026.- Los productos que prometen ser “sin azúcar”, “cero azúcar” o “sin azúcares añadidos” pueden cumplir con lo que declara su etiqueta, pero eso no significa necesariamente que sean productos saludables o que ayuden por sí mismos a controlar el peso.
La diferencia está en los ingredientes que sustituyen al azúcar. En lugar de sacarosa, muchos productos recurren a edulcorantes no nutritivos, como sucralosa, aspartame, acesulfame K, sacarina o derivados de estevia. Otros utilizan polioles o alcoholes de azúcar, como sorbitol, maltitol o eritritol, que no son exactamente lo mismo y pueden aportar algunas calorías.

En México, el etiquetado de alimentos y bebidas preenvasados está regulado por la NOM-051, que establece la información que deben proporcionar los fabricantes y los criterios para advertir sobre nutrimentos e ingredientes.
Por ello, “sin azúcar” no debe interpretarse como “sin ingredientes dulces”. Un producto puede no contener azúcar añadida y mantener un sabor dulce mediante otros compuestos. Incluso algunos alimentos pueden conservar azúcares naturales provenientes de ingredientes como leche o frutas.
La respuesta de la ciencia es menos sencilla. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no recomienda utilizar edulcorantes no azúcar como estrategia para controlar el peso a largo plazo. Su revisión de la evidencia encontró que no existe un beneficio claro y sostenido para reducir grasa corporal.
La misma revisión encontró asociaciones entre un mayor consumo prolongado de estos edulcorantes y mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y mortalidad, aunque la propia OMS advierte que buena parte de esta evidencia observacional tiene certeza baja o muy baja, por lo que no permite afirmar que los edulcorantes sean la causa directa de esas enfermedades.

Esto es importante porque no todos los estudios llegan a la misma conclusión. Una revisión publicada en 2023 cuestionó la interpretación de la OMS y señaló que algunos ensayos clínicos encuentran beneficios cuando los edulcorantes sustituyen directamente a bebidas azucaradas, particularmente por la reducción de calorías.
Es decir, sustituir un refresco con azúcar por uno sin azúcar puede reducir la cantidad de azúcar y calorías consumidas, pero convertir los productos con edulcorantes en la base de la alimentación no equivale a seguir una dieta saludable.
Un producto puede tener 0 gramos de azúcar y 0 calorías y, aun así, ser un alimento ultraprocesado. El consumidor debe revisar la lista completa de ingredientes y no quedarse únicamente con la leyenda frontal.
La propia Profeco ha encontrado productos comercializados como “sin azúcar” o “cero” que contienen edulcorantes y, en algunos casos, presentan inconsistencias en la información declarada. En sus estudios también ha advertido que los productos con edulcorantes llevan la leyenda “CONTIENE EDULCORANTES, NO RECOMENDABLE EN NIÑOS”.
Además, no todos los sustitutos funcionan igual. Los edulcorantes no nutritivos aportan cantidades mínimas o nulas de energía, mientras que los polioles sí pueden aportar calorías y, consumidos en cantidades elevadas, provocar molestias gastrointestinales.
Especialistas mexicanos ya habían señalado que los edulcorantes no calóricos pueden ser una alternativa para reducir el consumo de azúcar, pero por sí solos no constituyen una herramienta para controlar el peso. Su utilidad depende del conjunto de la alimentación y del estilo de vida.
Por ello, la diferencia entre un producto con azúcar y uno sin azúcar no debe reducirse a elegir automáticamente el segundo como opción saludable. La pregunta relevante es qué contiene, cuánto se consume y qué alimento está sustituyendo.

En términos prácticos, un producto “sin azúcar” puede ser preferible a uno con grandes cantidades de azúcar, especialmente cuando permite reducir la ingesta de azúcares libres. Pero eso no convierte automáticamente al producto en nutritivo ni significa que pueda consumirse sin límite.
La alternativa más sencilla sigue siendo reducir progresivamente la preferencia por sabores excesivamente dulces y priorizar agua simple, alimentos mínimamente procesados y productos con menor cantidad de azúcares añadidos, una estrategia que coincide con la recomendación de la OMS de disminuir la dulzura de la dieta en lugar de depender permanentemente de sustitutos.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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