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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 9 de enero de 2026.- El avance de la tecnología digital ha transformado de manera profunda la forma en que las personas se comunican, interactúan y construyen relaciones. Si bien los teléfonos inteligentes y las redes sociales han ampliado las posibilidades de conexión, especialistas y estudios recientes advierten que su uso excesivo también está modificando la comunicación cara a cara.
Plataformas como WhatsApp, Facebook, Instagram y TikTok permiten mantener contacto permanente con familiares y amistades, incluso a grandes distancias. Sin embargo, esta conectividad constante ha desplazado, en muchos casos, la interacción presencial, sustituyendo gestos, silencios y miradas por mensajes breves y notificaciones.

Datos internacionales estiman que existen más de 5 mil 600 millones de personas usuarias de redes sociales. Aunque solo una minoría cumple criterios clínicos de adicción, una proporción significativa reconoce una relación compulsiva con el uso del teléfono móvil, especialmente entre jóvenes.
Estudios indican que entre jóvenes de 9 a 29 años, cerca del 17 por ciento manifiesta sentirse “enganchado” a la tecnología, con síntomas como ansiedad o irritabilidad cuando no tiene acceso al dispositivo.
En el ámbito laboral, investigaciones señalan que más de dos tercios de los trabajadores revisan sus redes sociales varias veces al día durante la jornada, lo que puede generar distracciones y reducir la productividad.
La comunicación familiar también se ha visto impactada. Análisis académicos muestran que a mayor uso de teléfonos inteligentes y redes sociales, menor es la calidad del diálogo entre padres e hijos, así como la capacidad de sostener conversaciones prolongadas y significativas.

Este fenómeno puede debilitar habilidades sociales clave, como la escucha activa, la empatía y la paciencia, al priorizar respuestas inmediatas y mensajes simplificados sobre el intercambio profundo de ideas.
Asimismo, investigaciones asocian el uso intensivo de pantallas con mayores niveles de sensación de soledad, dificultades en la regulación emocional y tensiones en las relaciones interpersonales, particularmente cuando el teléfono interrumpe la convivencia directa, práctica conocida como phubbing.
Aunque la tecnología ha eliminado barreras geográficas y facilitado el acceso a la información, el reto actual está en equilibrar su uso, de modo que complemente, y no sustituya, la comunicación humana directa.
El debate sobre el impacto de las pantallas no plantea su rechazo, sino la necesidad de repensar los hábitos digitales, con el objetivo de preservar el valor del diálogo presencial y la interacción humana como elementos centrales de la vida social.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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