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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 29 de agosto de 2026.- Tener agua potable en la llave y tener agua apta para consumo humano no necesariamente son el mismo problema. En San Luis Potosí, la discusión sobre el líquido también pasa por qué calidad tiene, cómo se transporta y qué ocurre antes de llegar al vaso de una familia.
La referencia sanitaria para determinar si el agua puede destinarse al consumo humano es la NOM-127-SSA1-2021, que establece límites para distintos parámetros de calidad. En marzo de 2026, Interapas informó que sus análisis en pozos, plantas y puntos de distribución mostraban cumplimiento con la norma.
Sin embargo, existen antecedentes que muestran que la calidad debe vigilarse de manera constante. En abril de 2025, el propio Interapas informó que detectó parámetros fuera de norma en agua proveniente de El Realito, por lo que se notificó a la Comisión Estatal del Agua y se realizaron maniobras para evitar que el líquido ingresara a la red.
El episodio también dejó una particularidad importante: después de interrupciones o reparaciones, el agua puede arrastrar sedimentos y lodos, lo que puede modificar su apariencia aunque el problema no necesariamente signifique contaminación microbiológica.

Otro punto que suele quedar fuera de la conversación es el almacenamiento.
El agua puede cumplir con los parámetros al salir de una fuente de abastecimiento, pero después pasa por tuberías, tanques, cisternas, aljibes y tinacos antes de llegar al consumo final.
Por ello, la calidad del líquido no depende exclusivamente de la fuente. También influyen las condiciones de la infraestructura y el mantenimiento de los sistemas donde se almacena.
En 2025, documentos de Interapas incluso identificaron entre sus problemas la existencia de infraestructura hidráulica obsoleta, deficiencias en el suministro y la necesidad de producir mayor volumen de agua que cumpla con la NOM-127.
La falta de agua también ha obligado a recurrir al abastecimiento mediante camiones cisterna.
En julio de 2026, la Comisión Estatal del Agua informó que 40 pipas fueron verificadas por Coepris y acreditaron el cumplimiento de la NOM-127-SSA1-2021 para continuar con el suministro en la zona metropolitana. La autoridad sanitaria señaló que estas inspecciones también se realizan a pipas de organismos operadores, ayuntamientos y particulares.
Esto plantea otra pregunta relevante: no sólo importa qué agua se distribuye, sino en qué condiciones se transporta y almacena.

La respuesta no debería reducirse a un sí o un no para todo el estado.
Los reportes oficiales disponibles muestran cumplimiento en los monitoreos realizados, pero también existen antecedentes de detecciones puntuales que obligaron a detener o revisar el suministro antes de incorporarlo a la red.
Además, la situación puede variar dependiendo de la fuente de abastecimiento, la zona, las condiciones de la red y el almacenamiento dentro de cada vivienda.
Por eso, la pregunta sobre la calidad del agua potable en San Luis Potosí no sólo consiste en saber si “el agua cumple la norma”, sino en conocer qué se está monitoreando, con qué frecuencia, dónde se toman las muestras y qué ocurre cuando se detecta una anomalía.
El reto para las autoridades y organismos operadores es mantener esa vigilancia de manera permanente; para las familias, también resulta relevante conservar en buenas condiciones tinacos, cisternas y aljibes.
Porque entre el agua que sale de un pozo y el agua que finalmente llega a un vaso existe toda una cadena que también determina su calidad.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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