Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Durante mucho tiempo, se ha dado por hecho que México pertenece casi exclusivamente a Norteamérica. La relación económica con Estados Unidos y Canadá, fortalecida por el T-MEC, ha sido vista como el principal camino para el desarrollo del país. Sin embargo, la próxima cumbre entre México y la Unión Europea, después de once años, obliga a repensar esa idea.
Lo que está en juego no es solo un acuerdo comercial actualizado. Es algo más importante: reconocer que México no puede depender de una sola región del mundo. Hoy tiene la capacidad de participar en varios espacios económicos globales al mismo tiempo.
Europa es un mercado enorme, con más de 400 millones de personas y altos niveles de ingreso. Pero no se trata solo de vender más productos. Para México, representa la oportunidad de mejorar su economía, pasando de competir por precios bajos a competir por calidad, innovación y cumplimiento de estándares internacionales.
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