México recupera 26 loros víctimas de tráfico internacional
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 6 de septiembre de 2026.- Las jornadas laborales prolongadas no solo reducen el tiempo disponible para descansar: también pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y afectar la convivencia familiar y social, de acuerdo con organismos internacionales y estadísticas laborales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimaron que 745 mil personas murieron en 2016 por cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular atribuibles a jornadas de al menos 55 horas semanales. La cifra representó un aumento de 29 por ciento respecto a 2000.
Los organismos encontraron que, frente a quienes trabajan entre 35 y 40 horas semanales, laborar 55 horas o más incrementa en 35 por ciento el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y en 17 por ciento el de desarrollar cardiopatía isquémica.

En México, 15 millones de personas ocupadas trabajaron más de 48 horas por semana durante el cuarto trimestre de 2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi. El grupo representó alrededor de una cuarta parte de la población ocupada considerada en la medición.
La misma estadística muestra una diferencia por sexo: en ese trimestre, 10.7 millones de hombres y 4.3 millones de mujeres reportaron jornadas superiores a 48 horas semanales.
La OIT advierte que las horas de trabajo prolongadas tienen efectos sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal. Su análisis internacional encontró que trabajar más horas de las deseadas se relaciona con un peor equilibrio entre trabajo y vida personal.
En la práctica, una jornada que se extiende hasta 10, 12 o 15 horas reduce el tiempo disponible para dormir, comer adecuadamente, hacer ejercicio, atender responsabilidades domésticas, convivir con hijos, pareja, familiares o amigos y realizar actividades personales.
La OIT también señala que las jornadas largas y los horarios inflexibles pueden generar conflictos entre el trabajo y la familia, tensión de roles y menor satisfacción con el equilibrio entre las distintas áreas de la vida.
Esto adquiere otra dimensión cuando se consideran los traslados y las tareas de cuidado. Un informe publicado por la OIT en 2026, con datos de México y otros países latinoamericanos, analiza precisamente cómo el tiempo destinado al empleo se combina con traslados, labores domésticas, cuidados y ocio.
Una persona que trabaja 12 horas y además dedica tiempo al traslado puede pasar buena parte del día fuera de casa. El problema no necesariamente se limita al cansancio: disminuye el tiempo de recuperación y aumenta la posibilidad de que las relaciones familiares y sociales queden relegadas.

La evidencia de la OMS y la OIT relaciona las jornadas prolongadas con mecanismos de estrés fisiológico, mientras que la OIT identifica también menor tiempo de recuperación y una mayor dificultad para conciliar las obligaciones laborales con la vida personal.
Por ello, el problema de las jornadas excesivas no puede medirse únicamente por las horas frente al escritorio, en una fábrica o en un establecimiento. También implica contabilizar el tiempo de traslado, el descanso perdido y las horas que dejan de estar disponibles para la vida fuera del empleo.
La OMS y la OIT han identificado las jornadas de 55 horas o más por semana como un factor de riesgo laboral relevante para enfermedades cardiovasculares. En sus estimaciones, las largas jornadas fueron el factor ocupacional con mayor número de muertes atribuibles entre los riesgos analizados.
Así, una jornada laboral extensa deja de ser únicamente un asunto de productividad o remuneración cuando comienza a comprometer el sueño, la salud cardiovascular, el descanso y las relaciones personales.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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