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SAN LUIS POTOSÍ, S.L.P., 23 de abril de 2026.- La tercera llamada rompe el murmullo. Las luces se apagan y el telón se abre. Entre los aplausos comienzan a sonar las cuerdas y los instrumentos de aire. Entonces aparece su voz. En ella se concentran años de formación, disciplina y decisiones que hoy sostienen a Malena Cruz, soprano que acompaña a la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí.
Ser solista en la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí no fue una oportunidad inmediata. El camino de Malena no fue lineal; si no que estuvo marcado por dudas y decisiones difíciles que la llevaron a enfrentarse consigo misma. Tenía 17 años la primera vez que pisó un escenario, interpretando On My Own de Les Misérables. “No era un escenario grande, pero fue un espacio que me marcó”.

La pasión que sintió al interpretar un número musical encaminó su vida hacia la formación de su voz. Inició su educación en las artes en la Escuela Estatal de Iniciación Musical “Julián Carrillo”, trabajando durante seis años bajo la tutela de las sopranos Rocío Medina, Melody Eunice Navedo Rodríguez y Liliana del Conde.
“La música es lo que realmente me llena, sentí que encontré mi lugar”, dice.
Al concluir la preparatoria, Malena tuvo que elegir el rumbo de su futuro profesional: continuar su camino en la música y profesionalizarse, o elegir una opción “más segura”. Tras evaluar sus opciones, hablar con su familia y considerar su situación económica, decidió cambiar de carrera y estudiar Ciencias de la Comunicación, donde descubrió su segunda pasión: el periodismo.
“Descubrí que me gustaba mucho la carrera, por diversa. Me gustaba radio, foto, publicidad, pero el periodismo abarcó una parte importante de mí”, nos cuenta. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de participar en el Festival de Ópera de Zapopan, donde fue integrante del coro en producciones de La Traviata, Suor Angelica y La Flauta Mágica, presentándose en escenarios de Guadalajara.


Sin embargo, durante su estancia en el festival, tuvo que enfrentarse a una de las etapas más difíciles de su vida: su abuelo falleció. “Yo sabía que él estaba mal de salud, pero jamás pensé que no lo volvería a ver”.
Si tuviera que recordar el sacrificio más grande que ha hecho para sostener su carrera musical, sería sin duda no haber podido despedirse de su abuelo.
“Sé que me pude haber regresado, pero ya no me hubiese querido ir otra vez. También pensé en lo que ya habíamos gastado para que yo pudiera estar en el festival… y entonces mi mamá me dijo: no te regreses. Y me quedé, pero a la fecha esa decisión me sigue costando mucho trabajo”.
Malena se sentía perdida al terminar la universidad. Aunque nunca dejó de cantar durante la carrera, su estancia en el festival le recordó su amor por el canto. Su alma vivía por el arte. Y llevaba el talento en la sangre: su mamá fue bailarina de Ballet Folklórico y su papá la rodeó de música clásica desde niña. “Siempre que viajábamos, cantábamos toda la carretera”.
Y llegó un momento en el que tuvo que frenar y preguntarse: ¿qué era lo que realmente quería?, ¿qué tan en serio quería hacer música?, ¿o era el periodismo su verdadera vocación?
“Iba construyendo mi camino en el periodismo, me gustaba, me estaba yendo muy bien, pero… estaba dejando de lado mi arte”. Y en medio de un mar lleno de ruido, confusión y presión, resonó una voz en su cabeza: “Mi lugar”.

Como una señal del destino, llegó una oportunidad que cambiaría por completo el rumbo de su vida: una invitación para presentarse como solista con la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí. No lo pensó demasiado, dijo que sí. Abandonó las letras y el periodismo, para seguir su pasión más efervescente.
A partir de entonces, comenzó a presentarse en distintos estados de la República Mexicana: el Palacio Legislativo de San Lázaro en la CDMX, el Centro Cultural Universitario Bicentenario de la UASLP y el Teatro de la Paz en SLP, el Teatro Morelos de Maravatío en Michoacán y la Catedral Metropolitana de Guadalajara.
La ópera se mantuvo como eje de su desarrollo artístico. Amplió su repertorio interpretando obras sacras como el Réquiem de Mozart, la Misa No. 2 en sol mayor de F. Schubert y el Stabat Mater de G. B. Pergolesi. También interpretó en la capital potosina los roles de Suor Dolcina y Primera Conversa en Suor Angelica, de Giacomo Puccini.
“Es un ambiente pesado”, cuenta Malena. “En medio de los reflectores hay mucha competencia, egos y críticas entre los mismos artistas, que te dicen qué debes hacer y qué no. Todo tiende a ser muy cuadrado”.
Sin embargo, lejos de apegarse a un solo género, Malena siempre ha buscado la versatilidad. Exploró también el teatro musical en obras como Shrek: El Musical, Mamma Mia y el musical original potosino El Sonido de las Estrellas, donde fue protagonista.
“Cantar me libera y al mismo tiempo me hace querer seguir trabajando en mí, siempre busco cómo crecer. Como artista, sientes que pudiste haberlo hecho mejor, pero la perfección no existe. Puedes seguir mejorando y descubriendo. Es importante que aún con todo el miedo y las dudas… confiemos y demos el paso”.
La música en su vida no fue un impulso, fue una elección. Y en ella abundaron las renuncias, dudas y pérdidas para sentar las bases en las que ahora se sostiene: un escenario. En cada canto fluyen las memorias, el camino recorrido, y de pronto su voz no solo resuena, también confirma que vive en las notas que siempre han sido su hogar.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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