Aprueban primer tratamiento de su tipo para la hepatitis B crónica
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 12 de septiembre de 2026.- Una noche de mal descanso puede dejar cansancio, irritabilidad y dificultad para concentrarse, pero cuando dormir poco se convierte en una rutina, el impacto puede ir mucho más allá del día siguiente.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) señalan que la deficiencia de sueño puede afectar el razonamiento, la memoria, el estado de ánimo y el tiempo de reacción. A largo plazo, se ha relacionado con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y accidente cerebrovascular.
La somnolencia durante el día es una de las manifestaciones más evidentes. También pueden aparecer dificultades para mantener la atención, reaccionar con rapidez, tomar decisiones o realizar tareas que requieren concentración.
Las personas que acumulan falta de sueño pueden presentar además irritabilidad, cambios en el estado de ánimo y problemas para afrontar situaciones cotidianas. El NIH señala que la deficiencia de sueño también puede afectar el aprendizaje y la formación de recuerdos.
Otra señal puede ser quedarse dormido involuntariamente durante actividades en las que normalmente se debería permanecer despierto. El NHLBI considera la somnolencia diurna un indicador importante de una posible deficiencia de sueño.
Dormir no es simplemente “apagar” el organismo. Durante el sueño ocurren procesos relacionados con la regulación hormonal, el metabolismo, la reparación de tejidos y el funcionamiento del sistema inmunitario.
Cuando el descanso es insuficiente, pueden alterarse las señales hormonales relacionadas con el hambre y la saciedad. El NHLBI señala que la falta de sueño puede elevar los niveles de grelina, una hormona relacionada con el apetito, y reducir los de leptina, asociada con la sensación de saciedad.
Estos cambios pueden favorecer un mayor apetito y contribuir al aumento de peso cuando la falta de sueño se mantiene en el tiempo.
El metabolismo de la glucosa también puede verse afectado. La evidencia recopilada por los NIH relaciona la duración y calidad insuficientes del sueño con un mayor riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

El sueño participa en la regulación de la presión arterial y en procesos relacionados con la salud cardiovascular.
Los NIH señalan que la falta de sueño sostenida se asocia con un mayor riesgo de presión arterial alta, enfermedades del corazón y accidente cerebrovascular. En personas que ya tienen hipertensión, incluso una noche de sueño insuficiente puede elevar todavía más la presión arterial.
Por eso, acostumbrarse a dormir pocas horas bajo la idea de que “el cuerpo se acostumbra” puede ser engañoso. La evidencia indica que las personas pueden adaptarse subjetivamente a sentirse cansadas sin que desaparezcan necesariamente los efectos de la falta de sueño sobre el rendimiento y la salud.
El descanso participa en el funcionamiento del sistema inmunitario. De acuerdo con el NHLBI, una deficiencia continua de sueño puede modificar la respuesta natural del organismo frente a los gérmenes y dificultar la capacidad para combatir algunas infecciones.
Esto significa que dormir adecuadamente no solo sirve para sentirse descansado al despertar: también forma parte de los procesos mediante los cuales el organismo mantiene y repara sus funciones.
Para la mayoría de los adultos, los especialistas en sueño recomiendan dormir al menos siete horas por noche de manera regular. El NHLBI señala que los adultos que habitualmente duermen entre siete y ocho horas presentan un menor riesgo de algunos problemas como obesidad e hipertensión.
Además de la cantidad, importa la calidad. Despertarse repetidamente durante la noche, tener dificultades frecuentes para conciliar el sueño o levantarse sin sensación de descanso también pueden indicar que el sueño no está siendo reparador.
Un reporte del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados Unidos encontró que en 2024, 30.5 por ciento de los adultos estadounidenses dormían menos de siete horas en promedio por noche, una situación que las autoridades sanitarias
relacionan con diversos problemas de salud.
La falta de sueño ocasional puede formar parte de la vida cotidiana. El problema aparece cuando el cansancio, la somnolencia y las noches insuficientes se convierten en una rutina.

Si la falta de sueño persiste, afecta las actividades diarias o existe somnolencia excesiva durante el día, conviene consultar a un profesional de la salud para determinar si existe un problema de sueño que requiera atención.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
Síguenos en: Facebook | WhatsApp | X | Instagram | YouTube





