Alertan por fraudes en paquetes vacacionales ofrecidos en redes
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 27 de agosto de 2026.- Lo que para algunos jóvenes comienza como una broma, un reto o una forma de conseguir seguidores puede convertirse en una conducta de riesgo cuando la presión por generar contenido supera la percepción del peligro.
En los últimos años, las redes sociales han contribuido a popularizar desafíos relacionados con autolesiones, intoxicaciones, consumo de sustancias, conducción peligrosa, asfixia y prácticas extremas, mientras que los algoritmos pueden favorecer la repetición de contenidos capaces de generar reacciones y visualizaciones.
Uno de los principales riesgos es que estas conductas se presentan fuera de su contexto. Un video de pocos segundos puede mostrar el resultado de un reto, pero no necesariamente las consecuencias de una intoxicación, una lesión o una emergencia médica.
La adolescencia es una etapa en la que la aceptación social adquiere especial importancia. En ese contexto, obtener comentarios, seguidores o reproducciones puede convertirse en un incentivo para repetir conductas cada vez más arriesgadas.
El problema aumenta cuando los jóvenes observan que otras personas realizan determinadas prácticas aparentemente sin consecuencias. La percepción de que “todos lo hacen” puede disminuir la sensación de peligro, especialmente cuando el contenido es presentado como una broma o un desafío.

Entre las tendencias que han generado preocupación se encuentran los retos que implican ingerir sustancias no destinadas al consumo, provocar estados de asfixia, realizar maniobras peligrosas con vehículos, exponerse a situaciones extremas o utilizar medicamentos y productos domésticos de manera distinta a la indicada.
El fenómeno también alcanza prácticas que se vuelven populares sin necesariamente ser presentadas como desafíos. La búsqueda de una determinada apariencia física, el consumo de productos para modificar el peso corporal, las rutinas extremas de ejercicio y la exposición constante a contenidos que promueven estándares físicos difíciles de alcanzar pueden generar conductas perjudiciales.
A ello se suma el fenómeno de los contenidos que normalizan el consumo de alcohol, tabaco, nicotina u otras sustancias, especialmente cuando son presentados como parte de un estilo de vida atractivo o como una forma de pertenecer a determinado grupo.
Por eso, especialistas han insistido en que el problema no puede reducirse a prohibir una aplicación o eliminar un video. La prevención requiere educación digital, comunicación familiar y capacidad para identificar señales de riesgo.

Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de millones de jóvenes, por lo que el objetivo difícilmente puede ser mantenerlos alejados de ellas.
El desafío está en enseñarles a identificar contenido manipulado, reconocer conductas peligrosas, cuestionar la presión de grupo y entender que una tendencia viral no necesariamente es segura.
También resulta fundamental que padres, madres, docentes y autoridades conozcan las nuevas formas de violencia y riesgo que pueden aparecer en internet.
Porque detrás de una tendencia que acumula millones de reproducciones puede existir algo que no aparece en pantalla: una lesión, una intoxicación, una dependencia o una vida puesta en peligro por unos cuantos segundos de contenido viral.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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