Se reunirá Sheinbaum con embajador de EU, Ronald Johnson
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 24 de agosto de 2026.- En poco más de dos décadas, las tendencias que marcan a los jóvenes pasaron de depender de la televisión, la música y las revistas a difundirse en cuestión de horas mediante redes sociales.
Hoy términos como “aura”, “aura farming”, “looksmaxxing”, “gyat” o “sigma” forman parte del lenguaje digital de adolescentes y jóvenes, mientras que fenómenos como el vapeo han trascendido la categoría de moda para convertirse en un asunto de salud pública.
Las llamadas “aura battles”, por ejemplo, comenzaron como un fenómeno de redes sociales y recientemente llegaron a espacios públicos de Ciudad de México, donde adolescentes compiten mediante poses, movimientos y demostraciones de seguridad personal.

La tendencia forma parte de una generación cuya exposición a internet es considerablemente distinta a la de quienes tenían esa edad durante los primeros años de los 2000. Un estudio sobre jóvenes de México, Chile, Colombia y Panamá encontró que las redes sociales se encuentran entre sus principales fuentes de información y consumo digital.
A principios de los 2000, las tendencias juveniles podían tardar meses en extenderse.
Emos, punks, skaters, darketos y fans del anime construían identidades alrededor de la música, la ropa y determinados espacios de convivencia. La televisión también tenía una capacidad de influencia mucho mayor.

En México, Rebelde, estrenada en 2004, es uno de los ejemplos más claros: la serie produjo una influencia que trascendió la pantalla y generó una identidad estética y musical alrededor de RBD. Años después, aquella moda incluso regresó con el resurgimiento de la estética Y2K.
Después llegaron Hi5, MySpace, MetroFLOG y Fotolog, plataformas que modificaron la manera de mostrar la identidad personal.
Durante la década de 2010, Facebook, Instagram, YouTube y posteriormente TikTok redujeron todavía más el tiempo necesario para que una tendencia pasara de un grupo reducido a millones de usuarios.
En ese periodo aparecieron fenómenos como los retos virales, Harlem Shake, planking, los challenges, los influencers y las modas asociadas a Instagram.
La diferencia actual está en la velocidad.
TikTok aceleró todavía más ese proceso. Para 2022, la plataforma ya se había convertido en una de las principales redes utilizadas por adolescentes en Estados Unidos, de acuerdo con Pew Research Center.
Eso permite que una conducta, palabra, baile, estética o reto pueda pasar de un grupo pequeño de usuarios a convertirse en una referencia internacional en cuestión de días.

De ahí surgen fenómenos como aura farming, una práctica relacionada con proyectar seguridad, presencia o atractivo personal; y looksmaxxing, término utilizado para describir contenidos orientados a mejorar la apariencia física.
No todas estas tendencias representan un riesgo. Algunas son simplemente formas de juego, humor, pertenencia o expresión personal.
El problema aparece cuando una tendencia involucra conductas capaces de afectar la salud.
El vape es un ejemplo distinto.
En México, la Ensanut Continua 2022 encontró que 2.6% de los adolescentes reportó utilizar cigarros electrónicos.
Datos posteriores de la Ensanut 2023 muestran una proporción mayor: 4.3% de la población de 10 a 19 años reportó utilizar estos dispositivos, de acuerdo con la información difundida por especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública.
La evolución también puede observarse entre los jóvenes de 15 a 19 años: un análisis publicado en 2025 reportó que el uso exclusivo de cigarrillos electrónicos pasó de 1.3% a 6.6% entre mediciones de distintos años.

Aquí la diferencia es fundamental: mientras una batalla de aura puede desaparecer cuando cambia el algoritmo, el consumo de nicotina puede generar dependencia y tiene implicaciones sanitarias.
La comparación no necesariamente indica que los jóvenes actuales sean más influenciables que las generaciones anteriores.
Lo que sí cambió fue la velocidad y el alcance con que las tendencias llegan a ellos.
En 2000, una moda podía surgir de una telenovela, una banda musical, una revista o un programa de televisión y permanecer durante meses.
En 2010, las redes sociales comenzaron a acelerar ese proceso.
En 2026, un teléfono puede convertirse simultáneamente en escaparate, fuente de información, espacio de pertenencia y mecanismo para medir popularidad.
Por eso, el fenómeno actual no consiste solamente en que los jóvenes adopten nuevas modas. La diferencia está en que las tendencias dejaron de ser únicamente productos culturales que los jóvenes consumen y se convirtieron también en comportamientos que ellos mismos producen, reproducen y transforman.
La batalla de aura, el looksmaxxing, los memes, los retos virales o determinadas formas de consumo pueden desaparecer con la misma velocidad con la que surgieron.
El desafío para padres, escuelas y autoridades es distinguir entre una tendencia pasajera y una conducta que puede tener consecuencias fuera de la pantalla.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
Síguenos en: Facebook | WhatsApp | X | Instagram | YouTube





