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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 3 de mayo de 2024.-Muy escondido entre las calles del Centro Histórico de San Luis Potosí, se encuentra un hogar que alberga historia, esperanza, devoción y que sin importar cuantos años transcurran es como si el tiempo se hubiera quedado estancado entre esas paredes con olor a tierra mojada.
Todo comenzó en el siglo XIX cuando un grupo de frailes llegaron a México para realizar labores de evangelización en el centro y norte del territorio, Al llegar a territorio potosino, consigo trajeron tres cruces rusticas, una de ellas fue entregada a la religiosa Sebastiana Altamirano, una monja cuya fe pretendía que la historia de la Santa Cruz se reanimara cada 3 de mayo volviéndose una tradición, siendo objeto de celebración y devoción entre las familias que habitaban cerca del Barrio de Santiago.
Un día del año de 1898, en plena época del Porfiriato, la religiosa adjudicó esta cruz a una pareja que había contraído matrimonio: Don Demetrio Rincón y Felicitas Rodríguez, dos católicos que se comprometieron a venerar la Santa Cruz y honrarle con un novenario y una gran celebración.
Con el paso de los años, heredaron la cruz a su hija María Asunción Rincón Rodriguez, quien le hizo un espacio en su hogar ubicado en la calle Miguel Hidalgo, marcada con el número #870. Un espacio que fue construido de adobe, cuyo material es un ladrillo crudo que se mezcla con hojas y paja para darle consistencia y que después se seca al sol; técnica de construcción que hoy aún podemos apreciar con lo característico de este tipo de arquitectura antigua.
Este espacio que ha sido testigo de un sin fin de hechos históricos, al entrar se percibe un ambiente cálido y puedes remontarte al año de 1898, cuando un panadero español trajo por primera vez a San Luis Potosí la receta del pan de hojaldre. Un pan que disfrutaba la familia durante la gran fiesta, la de la Santa Cruz.
María Asunción con devoción siguió la tradición, tanto así que sus hijos Miguel, Virginia, Javier, Teresa, Guadalupe, Julio, Alfonso, Alicia y Carmela, también conservan la tradición cada 3 de mayo. Una fiesta a lo grande, donde se conmemora con las tradicionales mañanitas musicales, un rico mole potosino con un sabor único y familiar para chuparse los dedos, un rosario, y por último juegos pirotécnicos.
Ahora otros miembros de la actual familia que suma cerca de 100 miembros, esperan que las nuevas generaciones permanezcan unidas hacia la Santa Cruz.
Fue así como nació este histórico hecho que marca al Estado de San Luis Potosí. En la actualidad, esta casa fue remodelada y pintada con diferentes tonos azul; en el centro de la casa, la cruz de color verde con luces que le rodean en tono neón, preside un elaborado altar adornado con cerca de 30 (milagros) que vecinos o algunos miembros de la familia le han atribuido en sus 125 años.