Investigan muerte de científica tras neumonía desconocida en Siberia
SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 19 de agosto de 2026.- Una de las mayores crisis de biodiversidad registradas en Asia comienza a mostrar señales de recuperación: las poblaciones de buitres que llegaron a disminuir hasta 99.9 por ciento han logrado estabilizarse o registrar incrementos en algunas regiones.
El caso más extremo corresponde al buitre dorsiblanco (Gyps bengalensis), cuya población en el norte de India cayó 99.9 por ciento entre la década de 1990 y 2007. Es decir, de cada mil ejemplares que existían, quedó aproximadamente uno.
La causa comenzó a identificarse en 2003: el diclofenaco, un antiinflamatorio utilizado para tratar ganado, provocaba insuficiencia renal y la muerte de los buitres que se alimentaban de los cadáveres de animales tratados con el medicamento.
India, Nepal y Pakistán prohibieron en 2006 el uso veterinario del diclofenaco y posteriormente impulsaron alternativas consideradas seguras para las aves, como el meloxicam. En India, además, se restringieron en 2015 los frascos multidosis que facilitaban el uso veterinario ilegal del medicamento.
El resultado ha comenzado a reflejarse en las poblaciones. En Nepal, los monitoreos reportan una recuperación rápida, aunque todavía parcial, mientras que en India las poblaciones se han estabilizado después del desplome. En 2021, Nepal declaró la primera zona de conservación para buitres en la que los estudios encontraron cero presencia de diclofenaco veterinario.
La recuperación también ha incluido programas de reproducción en cautiverio y liberación de ejemplares. En 2023, Nepal liberó sus últimos buitres criados en uno de sus centros de conservación, una señal de que el aumento de las poblaciones silvestres permitió reducir esa estrategia.
Aunque el panorama es más favorable, la recuperación todavía no significa que la amenaza haya desaparecido. Organizaciones conservacionistas advierten que el uso y distribución ilegal de medicamentos tóxicos para estas aves continúa representando un riesgo para especies que permanecen en niveles críticos.
El caso muestra que una especie al borde de la extinción puede comenzar a recuperarse cuando la investigación científica identifica una amenaza y las autoridades modifican las prácticas que la provocaron.





