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AQUISMÓN, SLP., 3 de enero de 2026.- Mientras decenas de familias enfrentaban el cierre de año sin recibir su salario, el presidente municipal de Aquismón, Cuauhtémoc Balderas, optó por mostrar optimismo, fe y celebración en redes sociales, desatando molestia e indignación entre trabajadores del Ayuntamiento que siguen sin cobrar la quincena correspondiente al 31 de diciembre de 2025.

La falta de pago fue denunciada públicamente por ciudadanos y confirmada por integrantes de la base trabajadora, quienes señalaron que el recurso no fue depositado antes de concluir el año, afectando directamente la economía de hogares que dependen de ese ingreso para cubrir gastos básicos, cenas de fin de año y compromisos familiares.
En el grupo de Facebook Venta de Todo Aquismón, un ciudadano resumió el sentir general con un mensaje cargado de ironía:
“Si me ven que ando triste es porque no pagaron quincena en la presidencia y estoy preocupado que a la tesorera y a Eligio no les alcance para su cena de fin de año. Los empleados como quiera, pero ellos”.
El comentario fue respaldado por múltiples trabajadores municipales, quienes confirmaron que el adeudo es real.
Lo que más ha generado enojo no es solo el retraso salarial, sino el contraste con la actitud del alcalde. El pasado 1 de enero, Cuauhtémoc Balderas publicó en su cuenta personal un mensaje lleno de positivismo y referencias religiosas, acompañado de imágenes personales:
“Desde mi pueblito querido empezando un nuevo año, que seguramente estará lleno de retos y bendiciones pero siempre con nuestro Dios por delante 🙏 que nunca se equivoca. ‘Feliz 2026’”.
Para los trabajadores afectados, el mensaje fue interpretado como una burla y una muestra de desconexión con la realidad que viven quienes sostienen la operación diaria del municipio. “Mientras él habla de bendiciones, nosotros no hemos visto nuestro sueldo”, señalaron.
Hasta el momento, el Ayuntamiento de Aquismón no ha emitido ninguna explicación oficial, ni ha informado una fecha concreta para cubrir el adeudo, lo que incrementa la incertidumbre y el malestar interno.
El caso vuelve a poner en evidencia una práctica recurrente en gobiernos municipales: discursos de fe, optimismo y cercanía con el pueblo, mientras se incumple una de las obligaciones más elementales de cualquier administración pública: pagar a tiempo a sus trabajadores.




