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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 2 de septiembre de 2026.- El regreso a clases no sólo implica recuperar horarios, tareas y rutinas: para millones de estudiantes también significa volver a pasar varias horas frente a libros, cuadernos y pizarrones, actividades que pueden complicarse cuando existe un problema visual que todavía no ha sido detectado.
Los primeros resultados de la estrategia federal Vive saludable, vive feliz muestran la dimensión del problema. Entre marzo y julio de 2025 fueron valorados 3 millones 940 mil niñas y niños de primaria en 27 mil 409 escuelas, y cuatro de cada 10 presentaron algún problema de agudeza visual.
La cifra equivale, de manera aproximada, a 1.58 millones de estudiantes dentro de esa muestra que requirieron una revisión posterior. Sin embargo, la Secretaría de Educación Pública aclaró que una prueba de agudeza visual no determina por sí misma que un menor necesite lentes; los casos detectados deben pasar por una valoración clínica para establecer el diagnóstico y la graduación correspondiente.
La dificultad para detectar estos casos está relacionada con que los niños no siempre saben que están viendo mal. Si nunca han tenido una visión nítida, pueden asumir que es normal no distinguir lo que aparece en el pizarrón o acercarse demasiado a los libros.
Una investigación que analizó 3 millones 861 mil 156 estudiantes de primarias públicas de los 32 estados encontró que 32.5% tenía agudeza visual reducida durante el tamizaje realizado en escuelas. Posteriormente, la evaluación optométrica confirmó errores refractivos en 31.2% de los estudiantes.
El mismo estudio encontró otro dato relevante: entre los estudiantes con información previa sobre uso de lentes, 83.7% presentaba errores refractivos sin corregir. Se trata de información correspondiente al periodo 2013-2014, por lo que sirve como referencia epidemiológica y no como fotografía actual del país.

Una investigación publicada en 2025 sobre población infantil mexicana encontró que, entre los errores refractivos estudiados, la miopía fue la más frecuente, con 43.86%, seguida del astigmatismo, con 38.41%. El estudio también identificó ambliopía refractiva en 4.94% de los niños analizados.
La miopía, además, ha cobrado especial atención por los cambios en los hábitos infantiles. El aumento del tiempo dedicado a actividades de visión cercana —como celulares, tabletas, computadoras y lectura— puede relacionarse con el incremento de la miopía, aunque no debe atribuirse exclusivamente a las pantallas: también intervienen factores genéticos y ambientales.
En San Luis Potosí existen programas públicos que han identificado una demanda constante de atención visual. En 2025, por ejemplo, la estrategia estatal Vida Saludable había atendido a más de 31 mil estudiantes de primaria en las cuatro regiones, con evaluaciones que incluían agudeza visual y canalización para atención especializada.
En la capital, la Ruta de la Salud del DIF Municipal también ha reportado una demanda importante de lentes. En 2025 se entregaron más de 400 lentes graduados a estudiantes de primarias, secundarias y preparatorias municipales.
La demanda no se limita a los menores. En 2026, el DIF capitalino reportó que la atención de salud visual constituye una de las principales solicitudes de su Ruta de la Salud y que cada vez llegan más niñas, niños y adolescentes para valoración.

Antes de pensar que un niño tiene falta de atención, desinterés o dificultades para aprender, la visión puede ser uno de los aspectos a revisar. Acercarse demasiado a los libros o pantallas, entrecerrar los ojos, perderse al leer, copiar con dificultad del pizarrón, presentar dolores de cabeza o frotarse constantemente los ojos pueden ser señales para solicitar una valoración profesional.
La Procuraduría Federal del Consumidor recomienda realizar una revisión visual cuando niñas y niños comienzan su actividad escolar, precisamente para detectar de manera temprana posibles errores de refracción.
El dato de cuatro de cada 10 escolares con problemas de agudeza visual coloca a la salud visual como un asunto que rebasa la compra de unos lentes: implica detectar a tiempo una condición que puede interferir con actividades fundamentales del aprendizaje y evitar que una dificultad para ver sea interpretada simplemente como un problema de desempeño escolar.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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