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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 14 de febrero de 2026.- Cada 14 de febrero el mundo celebra el amor con flores, chocolates y promesas. Pero el origen de la fecha no es romántico ni comercial: está marcado por persecución, fe y muerte.
En el siglo III, el Imperio romano atravesaba un periodo de crisis política y militar. Gobernaba Claudio II el Gótico, un emperador enfocado en fortalecer su ejército en medio de guerras constantes.
La tradición sostiene que Claudio II creía que los hombres solteros eran mejores soldados y que por eso habría prohibido el matrimonio entre jóvenes. Sin embargo, los historiadores advierten que no existe evidencia directa de que tal decreto haya sido emitido. Lo que sí está documentado es que en esa época los cristianos eran perseguidos por negarse a rendir culto a los dioses romanos.
En ese contexto aparece la figura de Valentín. Las fuentes antiguas mencionan al menos a dos mártires cristianos llamados Valentín, ejecutados alrededor del año 269 o 270. Uno habría sido sacerdote en Roma; otro, obispo en Terni. Con el paso de los siglos, ambas historias se mezclaron.
La versión más popular cuenta que Valentín celebraba matrimonios en secreto para jóvenes enamorados, desafiando órdenes imperiales. También relata que, durante su encarcelamiento, devolvió la vista a la hija de su carcelero y que antes de morir le escribió una carta firmada “De tu Valentín”.
Pero estos detalles no aparecen en los registros más antiguos. Surgen en la Edad Media, cuando las historias de santos comenzaron a adornarse con elementos milagrosos y románticos.
Lo que sí es probable es que Valentín fuera ejecutado por su fe cristiana, en una época en la que el cristianismo aún era ilegal.
La conexión definitiva entre el 14 de febrero y el amor romántico no llegó sino hasta el siglo XIV. Fue el poeta inglés Geoffrey Chaucer quien vinculó la fecha con el cortejo y el enamoramiento en uno de sus poemas, en el que imaginaba que ese día las aves elegían pareja.
Con el tiempo, la Iglesia canonizó a Valentín como mártir y la fecha se fusionó con tradiciones populares europeas. Siglos después, la revolución comercial convirtió la jornada en sinónimo de tarjetas, chocolates y cenas a la luz de las velas.
Así que el Día de San Valentín no nació como una estrategia de mercadotecnia ni como una simple celebración romántica. Nació de una historia de persecución religiosa que, siglos después, fue reinterpretada como símbolo del amor.
Entre documentos fragmentarios y leyendas medievales, algo permanece: la idea —real o construida— de que el amor puede desafiar al poder. Y esa narrativa, más que los chocolates, es la que logró sobrevivir al Imperio.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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