Las últimas noticias sobre él son trágicas, quebrantan lo inmutable por el desenlace fatal en cruentas condiciones; pero en 1992, Aurelio Gancedo Rodríguez -quien entonces era un niño de 12 años- dejó escapar su sueño con todo el candor del mundo ante el mismísimo Gobernador de San Luis Potosí, Gonzalo Martínez Corbalá, mientras le estrechaba la mano en un evento público.

“Tú ¿qué quieres ser de grande?”, preguntó el mandatario potosino al pequeño de tez apiñonada que lo apretujaba, la respuesta fue inmediata: “Quiero ser gobernador como usted”, y acto seguido enfiló el camino, siempre se paseaba con vestimenta impecable y su habitual corbata de moño, atada a perfección por su madre.

Entonces el niño curioso se volvió noticia en los cafés, Aurelio ganó simpatías y destacó por su ansia de éxito; y aunque trazó el camino, no llegó a la culminación que anhelaba; a varias décadas de distancia, el fin de su vida llegó lastimosamente.

Pese a la vorágine de dolor, no puede soslayarse la trayectoria que logró erigir dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), del que fue presidente estatal; de lo menos que puede ponderarse sobre su desempeño en el servicio público en el país, es que fue director general de Control y Registro de Aseguramientos Ministeriales en el sexenio del también priísta, Enrique Peña Nieto.

Destacan también sus colaboraciones en la administración estatal en San Luis Potosí de Fernando Toranzo Fernández y en el Ayuntamiento capitalino, con Victoria Labastida, en ambos fungió como director de Desarrollo Social.

También fue colaborador de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano del gobierno federal; dentro del tricolor, no solo ocupó la presidencia estatal, sino que estaba al frente del Instituto Reyes Heroles, para la formación de futuros priístas.

Era un convencido de que no podían recibir a personas con intereses de hacerse rico, para ello sugería que pusieran una empresa y se dedicaran a trabajar;

“En cambio, si viene a aprender porque les interesa contribuir a un mejor país, está en lugar correcto”, fueron sus palabras.