
Los que no pudieron salir
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Noviembre de 2020.
Para quienes apoyan el uso de la marihuana con fines lúdicos o recreativos están dedicadas estas consideraciones.
¿A quién se atribuye el sustento argumentativo a favor de permitir el uso de drogas, entre ellas la marihuana? A un liberal, un neoliberal –dirían las izquierdas-, Milton Friedman, premio Nobel de economía en 1976, fundador de la Escuela de Economía de Chicago. Basta revisar sus artículos publicados en The New York Times o The Wall Street Journal o desde la academia, donde defendió la ecuación clásica liberal: legalización igual a erradicación de mafias. De Friedman, en defensa de esta ecuación, podemos encontrar The War we’re Losing, The Drug War as a Socialist Enterprise, y Stop Taxing Non-Adidicts.
Otro Premio Nobel de Economía que defendió la legalización es Gary Becker. También de la Universidad de Chicago e influenciado por Friedman. Hizo publicaciones en revistas especializadas de economía, columnas de periódicos y blogs de opinión.
Las ideas de ambos economistas, sobre el clásico argumento liberal, son fáciles de explicar. El status ilegal de la marihuana promueve precios altos, toda vez que el precio debe reflejar los costos de producción y distribución, que en el contexto de la clandestinidad son muy altos. La demanda de drogas, por otro lado, parece responder poco a cambios en el precio, en parte por las características adictivas de las sustancias. La suma de estos dos fenómenos explica la alta rentabilidad del negocio de las drogas, precios altos por un lado y cantidad demandada constante (o creciente) por el otro.
Desde el punto de vista liberal, y del de sus expositores, el incremento en los recursos destinados al combate al narcotráfico es un costo creciente no justificado que la sociedad entera está destinada a pagar. Todo ello porque, entendido el gobierno como administrador de recursos, existe una forma más barata de combatir a las mafias, consistente en regular el mercado de los bienes que comercian. La premisa que sostiene esto es que la rentabilidad del mercado clandestino, una vez que transite a la legalidad, se verá reducida al nivel que se observa en los mercados de productos legalmente comerciables, haciendo menos atractivo las ganancias para el crimen.
Lo cierto es que existe una dicotomía entre una política de legalización y un esquema de reducción en el consumo. Esto que quiere decir, a los liberales o capitalistas, a las izquierdas –y algunas derechas que impulsan el uso de la marihuana con fines lúdicos o recreativos-, no les importa que una, o varias, generaciones se pudran, que se pierdan, como lamentablemente ya ha sido visible en numerosos municipios mexicanos. A ellos lo que sí les interesa es que haya consumo de drogas a precios bajos, aunque se desintegren las familias. Que quede claro, la legalización, no reduce el consumo y sí aumenta los daños a la salud de los consumidores y los daños a las familias que los rodean. Así de simple.
Lo que es constatable, en el dictamen aprobado por el Senado mexicano, es la claridad de los errores de su postura a favor de una política de legalización: lagunas conceptuales en el aparataje teórico que la sustenta; premisas equivocadas o sin sustento, desconocimiento o soslayo de variables geoestratégicas.
Toda política pública exige un cierto nivel de sentido común –por lo menos-, es decir, aquilatar el valor práctico de las cosas: No podemos permitir la legalización de la marihuana con usos lúdicos o recreativos a sabiendas de que vamos a destruir la salud de las personas y la tranquilidad de las familias de esas personas, independientemente del ejemplo y el comienzo de una cultura de consumo de marihuana que vamos a legar a la presente y a las futuras generaciones. La legalización es por falta de éste pragmatismo, el síntoma de quienes ya se rindieron, de quienes claudicaron de la búsqueda de salidas de viabilidad verdadera.
Adicionalmente, expongo los siguientes argumentos:
Todo negocio lícito relevante origina un mercado negro tan importante o más que los mercados más fuertes (petróleo, armas, obras de arte, metales preciosos, tabaco, etc.). Para que Usted, querido lector, se dé una idea, en 2016, el gasto estimado de los consumidores de drogas en Estados Unidos se estimó en 150 mil millones de dólares, es decir, casi el 85% del total de la deuda externa de México. Con una pequeña diferencia, México construyó su deuda en casi doscientos años, los estadounidenses se gastaron el 85% de esa cantidad… pero en un año.
La legalización no supondría la desaparición de los actuales capos productores: éstos pueden organizarse en oligopolio como oferentes legales. Sus medios económicos se los permiten y presionan a favor de la legalización, bajarían los precios, pero éstos se compensarían con un mayor volumen de venta-consumo, es decir, más jóvenes envenenados, más generaciones perdidas, más familias infelices.
Si se legaliza sólo para mayores de edad, ¿Cómo se impide que haya un mercado ilegal para los menores?
Hasta antes de la pandemia por la COVID-19, el abaratamiento de la droga no equivalió a erradicar la delincuencia. Ejemplo: en Nueva York, donde los precios disminuyeron drásticamente, la delincuencia siguió aumentando. Ya veremos pronto lo que va a suceder en México, de aprobarse la Ley Federal para la Regulación del Cannabis y otras disposiciones concomitantes.
La legalización de drogas: aumenta el consumo; no favorece la recuperación y la reinserción del drogadicto; no ayuda al drogadicto; no desaparecería el tráfico, las mafias seguirían existiendo; permite la autodestrucción del individuo; el abaratamiento no erradicaría la delincuencia; y la acción del Estado quedaría deslegitimada al permitir la venta de productos tóxicos con efectos secundarios.
Una de 20 muertes, en América del Norte, la causan las drogas. La marihuana puede causar la muerte, pero además es droga puente hacia drogas mucho más peligrosas.
En México el sector salud y numerosas organizaciones de la sociedad civil invierten millones de pesos, tiempo y esfuerzo para prevenir el uso de drogas y para rehabilitar a quienes han caído en sus garras. Despenalizar no resuelve nada. Los británicos despenalizaron el uso de drogas en sus colonias durante los siglos XVIII, XIX y XX obteniendo ganancias astronómicas, pero envenenando a sus Colonias.
Además de la pandemia por COVID-19, la crisis económica que ha propiciado, la crisis de seguridad pública en el país, al parecer, nuestros “mandatarios” podrían imponernos otra crisis más.