Pues la verdad está demasiado fácil comentar lo obvio acerca de la investigación que reveló el vínculo entre la empresa chocolatera de los hijos de Andrés Manuel López Obrador aunado a su amigo Hugo Chávez Ayala con el programa Federal Sembrando Vida.

Cómo monero, el que suscribe trata de hacer en ocasiones un análisis de los sucesos, acontecimientos y noticias destacadas y en otras ocasiones dar solo una opinión sobre estos temas, pero en esta ocasión, cambio todo eso por la oportunidad de hacer solo el señalamiento y dejar marcado como un elemento histórico qué debería marcar, cómo muchos otros más tanto negativos como positivos, el período de gobierno de AMLO.

En realidad, existe poca motivación a comentar algo que es tan obvio, tan vergonzoso, tan escandaloso y tan ignorado voluntariamente por quiénes continúan con su apego al proyecto y promesa qué significa la 4t. Ellos y nosotros, los que no creímos o los que ya se desencantaron,  estamos cansados de argumentar, contraargumentar, justificar y acusar. Esto no va para ningún lado. Aparentemente los ratings del Peje no demeritan a pesar de que los números son horripilantes, tanto en economía como en seguridad y salud.

Parece ser que él solo tiene que asomar su cabecita de algodón para recibir todo el apoyo de su borregada. Ni la inflación a 7%, ni los más de 100.000 homicidios en 3 años, ni los 300,000 muertos por la pandemia pueden convencer a quién tiene una fe mística en un personaje más humano qué ningún otro que haya presidido el gobierno de México.

En un país donde la gente puede creer que Thalía representa a las niñas pobres en sus telenovelas, donde le rezan a una mancha por filtración y donde tratan con todo respeto y admiración a un capo de la mafia, tener un charlatán idolatrado en la silla presidencial parece encajar perfecto.