En estos días es complicado no opinar sobre COVID-19 y el síndrome respiratorio asociado. Es todo un tema por la alta tasa de infección y, bajo descuido de condiciones sanitarias, dado que somos un país densamente poblado con mas de 120 millones de habitantes, con alto riesgo de incidencia que puede alcanzar decenas o centenas de miles de muertes.

No obstante, hay otro problema de salud que no debe perderse de vista. Uno con alta incidencia de secuelas, cuya tasa de mortalidad es mas alta que COVID-19, del que no habíamos tenido noticias en decenios: Sarampión.

El número de casos ha empezado a aumentar. Es un problema silencioso, ante la atención atraída por COVID-19, y eso le hace más peligroso aún.

De acuerdo con la organización mundial de la salud, OMS, El sarampión es una enfermedad vírica, es decir relativa a virus, es muy contagiosa y se transmite por gotículas procedentes de la nariz, boca y faringe de las personas infectadas. En ese sentido el medio de transmisión es similar al COVID-19.

Los síntomas iniciales, que suelen aparecer entre 8 y 12 días después de la infección, consisten en fiebre alta, rinorrea, inyección conjuntival y pequeñas manchas blancas en la cara interna de la mejilla. En este sentido muy diferente a COVID-19.

No hay tratamiento específico para el sarampión, y la mayoría de los pacientes se recuperan en 2 o 3 semanas. Sin embargo, el sarampión puede causar complicaciones graves, tales como ceguera, encefalitis, diarrea intensa, infecciones del oído y neumonía, sobre todo en niños malnutridos y pacientes inmunodeprimidos.

El sarampión es una enfermedad por virus prevenible mediante vacunación. Pero no debemos perder de vista que hasta antes de generalizarse el uso de la vacuna, allá por 1980, causaba 2 millones de muertes por año.

La OMS reportó en abril de 2018 que, en 2016, ya con la estrategia de vacunación e inmunización, murieron casi 90,000 personas, la mayoría niños.

En 2019, la organización panamericana de la salud, OPS reporta que 20,554 casos fueron confirmados de sarampión, incluidas 19 defunciones, en 14 países y territorios, a saber: Argentina (107 casos), Bahamas (3 casos), Brasil (18.203 casos, incluidas 15 defunciones), Canadá (113 casos), Chile (11 casos), Colombia (244 casos, incluida 1 defunción), Costa Rica (10 casos), Cuba (1 caso), Curazao (1 caso), los Estados Unidos de América (1.282 casos), México (20 casos), Perú (2 casos), Uruguay (9 casos) y la República Bolivariana de Venezuela (548 casos, incluidas 3 defunciones).

La amenaza del Sarampión está latente y hay casos confirmados en tasa creciente. Con casos de origen desconocido se significa que pueden estar en fase de contagio comunitario.

La estrategia recomendada a las autoridades por la OPS incluye: Vacunación, vigilancia epidemiológica y rápida respuesta.

Ya lo he comentado en este espacio, la Salud Pública en un tema de seguridad nacional. Las autoridades no pueden deben soslayar, mediante alusiones a decisiones de gobiernos anteriores, los efectos de contagios de riesgo para la población, ni por COVID-19, ni por Sarampíon, ni por ninguna otra.

No será con imágenes y estampas que se detendrán los contagios de Sarampión, COVID-19. Sino que es con estrategias aceptadas globalmente, confirmadas por las ciencias médicas, en particular las disciplinas epidemiológicas y clínicas.

Sin material médico, sin vacunas, con un sistema de salud debilitado no será posible atender esta clase de problemas de seguridad nacional.

En breve digresión, pero continuidad de ideas, las fuerzas armadas cuentan con otras labores, asistir a la población ante terremotos y huracanes, combatir la delincuencia organizada cuya capacidad bélica sobrepasa policías municipales y mucho mas. Ahora además construyen aeropuertos y atenderán la pandemia de síndrome respiratorio por COVID-19. La república mexicana no es un estado militar, es uno civil.

A la par, la Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, es ignorada, menospreciada, sin programas claros que atiendan necesidades nacionales. Nadie puede estar en desacuerdo, o al menos yo no lo estoy, en incorporar programas en CTI los problemas de comunidades desatendidas históricamente. Pero debe estar clara mi posición, incorporar implica agregar o añadir y no significa sustituir los que ya funcionan.

Incorporar programas, añadirlos a los existentes, pues, quiere decir incrementar el presupuesto para CTI. Al contrario, se implica sustituir o eliminar los ya empobrecidos programas.

Luego, el futuro de la CTI no luce prometedor, más aún cuando incluso el sistema de salud civil ha sido tratado con vilipendio por el gobierno federal.

La pandemia por CIOVID-19 ha alcanzado la realidad en el sentido que la Salud Pública es un asunto de seguridad nacional, de efectos económicos y financieros, de potencial desestabilización social.

La CTI es muy importante para el desarrollo de una nación, para atraer bienestar a la población. Las fuerzas armadas cuentan con prestigio y respeto social. Pero antes de todo ello se deben resolver la Salud Pública.

COVID-19, Sarampión, diabetes y mas deben ser atendidas por un sistema civil de salud sólido.