En los últimos 20 años las empresas son las instituciones que más han avanzado en confianza ciudadana. Los gobiernos incompetentes descalifican la humana “aspiración” para revertir el fracaso y el mal gobierno. 

En los últimos 20 años, las empresas son las instituciones que han avanzado más en la confianza ciudadana, con un 52%, frente a las ONG´s que obtuvieron un 51%. 

Los medios de comunicación que por su diversidad, apertura e independencia, alcanzaron el 42%, mientras los gobiernos que engloban todas sus estructuras, obtuvieron un 32%, según un estudio de la consultora europea Trust Barometer, apostado en España. 

A partir del 2019 vemos en México una sospechosa insistencia desde Palacio Nacional en dinamitar la confianza de los ciudadanos en los sectores sociales de mayor participación en las empresas micro, pequeñas, medianas y grandes, como estructuras ciudadanas autónomas garantizada en la Constitución Política, en los artículos 25 y 73.

El proyecto político del gobierno de Andrés Manuel López Obrador apuntó a las nuevas instituciones como el INE, INAI, Cofece, etcétera, años antes de llegar a la presidencia.

En sentido inverso, la confianza ciudadana en los poderes públicos y en los institutos políticos decrece, inclusive en los partidos de oposición que se comportan en ocasiones como cofradías mercenarias. 

De acuerdo al estudio de confianza del Trust Barometer, la sociedad mira hacia las empresas, y ahora esta certeza se incrementó por la rápida reacción en la sorpresiva pandemia, que ha sido ejemplar y de gran responsabilidad.

Esta responsabilidad está en las antípodas de la negligencia gubernamental en México, donde su máximo líder se negó insistentemente a ejemplificar la utilización del cubrebocas, además de mantener a su antojo y capricho las giras públicas, a pesar de la comprobación de la letalidad del Covid19.

En el imaginario de la Cuarta Transformación, ese avance de la confianza en las empresas y en sus sectores más activos, como las clases medias, son una amenaza latente que se ha manifestado como la resistencia más fuerte contra la iniciativa de reforma Eléctrica de Andrés Manuel López Obrador, ante el titubeo, zigzagueo y fragilidad de la coalición parlamentaria de los partidos de oposición.

Ese odio ha materializado la propaganda gubernamental en peligrosas frases de impacto como el presunto abuso en las bajas tarifas de energía eléctrica pagadas por los Oxxos y los Walmart, dos grandes empresas cuyas marcas están muy penetradas en el conocimiento popular. 

Por lo tanto, las marcas Oxxos y Walmart sirven para el linchamiento generalizado y funcional de las empresas micros, pequeñas y medianas, y contra las “clases aspiracionistas” que están detrás de ellas.  

En el último año y medio, el avance de la confianza en las empresas y la reputación está cimentada en datos sólidos, por la implantación de medidas de teletrabajo, de digitalización, de sacrificio de utilidades por mantener hasta lo posible la planta laboral, y los donativos a los sectores más necesitados. 

Las sociedades en las democracias liberales exigen, cada vez más, liderazgos creíbles y ejemplares. 

Coincido con el politólogo español Manuel de la Fuente en que esta nueva mirada incrementa el escrutinio al sector privado y las expectativas por una transformación económica responsable. Sin embargo, ese escrutinio mantiene esa diversidad de factores que integran esa confianza.

Las micro y pequeñas empresas en México son la manifestación de millones de ciudadanos en busca de un futuro y una vida mejor, aún cuando se les sataniza insidiosamente como aspiracionistas.

Los gobiernos incompetentes e incapaces de dar respuesta a los problemas, exigencias y expectativas sociales, necesitan descalificar e infamar la humana “aspiración” natural, para revertir el fracaso, ineficacia y mal gobierno.

De igual forma, son atacadas todas las instituciones que no están controladas por el gobierno federal, como el Instituto Nacional Electoral, el de Acceso a Información y Transparencia, la Comisión Federal de Competencia y más, a diferencia de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) que en su nueva etapa hace barbaridades con los precios topes del gas.

En esta estrategia de control total López Obrador castró al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), descabezado desde la renuncia de Mónica Maccise en junio del 2020 por invitar a Chumel Torres a un Foro, y nulificó a la importantísima Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), convertida en una pantomima con Rosario Piedra Ibarra.

¿Qué hay detrás del ataque a empresas, clases medias y sociedad organizada? una administración incompetente, totalmente ideologizada, anacrónica y fantasiosa, que basa el éxito en el dogma de Fe y los deseos del líder, a quien estorba cualquier manifestación de éxito como pilares de la democracia.

Los espero este martes a las 3:30 en RadioFormula y Teleformula en el programa de Eduardo Ruiz-Healy

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