No es noticia, sino contexto, decir que el conflicto protagonizado por Estados Unidos de América (EUA) y China, que yace entre lo diplomático y lo económico, tiene un origen en la ciencia, tecnología e innovación (CTI).  Mas específicamente, en las telecomunicaciones móviles, el ancho de banda 5G y los aplicativos con base en inteligencia artificial, así como en miras hacia el internet de las cosas.

Mientras la controversia entre EUA y China tiene claros elementos de política económica, seguridad interna (eso argumenta EUA) y diplomacia, los vaivenes han provisto elementos de crecimiento a la CTI y su financiación. Me explico. El pasado 3 de Julio de 2019, MIT Technology Review publicó un artículo de Karen Hao. En este artículo se destaca que Huawei, empresa China y pivote de la citada controversia, destinará 300 millones USD cada año para que instituciones en EUA realicen investigación científica. Eso son más de 5,800 mdp.

La decisión de Huawei es muy astuta. Obedece, así lo deja ver el artículo en MIT Tech. Review, a una estrategia y política empresarial. De hecho, Huawei invertirá, incluidos lo que dará en EUA, entre 15 y 20 mil millones de USD por año, para ser la segunda empresa mundial, no menos de la quinta, en invertir en CTI. Eso son, en pesos actuales, cerca de 400 mil mdp.

En México sólo vemos remedos.

En lo público, según lo dicho por la directora de #CONACYT, en la conferencia mañanera del día 27 de Junio de 2019, el presupuesto de CONACYT es de 77,314.8 mdp. La directora de CONACYT lo dice como gran logro, pero no llega al 20% de lo que invertirá la compañía China de dispositivos móviles. Sólo es poco más de 13 veces lo que recibirán instituciones en EUA por la estrategia de Huawei.

Para diluir más, el presupuesto de CONACYT será para oferta en toda área de conocimiento. Se ha dicho que habrá prioridades, pero aun nadie conoce qué significan, en concreto, esas demandas públicas de conocimiento para ofertar soluciones. Para empatar la relación oferta-demanda; dicho de otra forma, necesidad-solución.

Hay esfuerzos en algunos, pocos, estados. Como en Jalisco y Nayarit que con fondos llaman a generadores de conocimiento, científicos, con convocatorias públicas. La bolsa en la convocatoria de Jalisco asciende a 60 mdp y en Nayarit 20 mdp; los montos son más que lamentables y, paradójicamente, significan un gran esfuerzo para esas entidades federativas. Además lo hacen llamando sólo a quienes radican en sus estados. ¿Tendrán capacidades o serán acuerdos preestablecidos?, ¿acaso no habrá en otra entidad federativa quiénes puedan, en una competencia evaluada, ofertar una solución? Podrían impulsar al mercado, en similitud de estrategia a lo dicho arriba, con una apertura más amplia que la de localismos.

En lo privado, la empresa mexicana está esperando programas gubernamentales. No se conoce estrategia o política empresarial de alguna firma mexicana. Y no hablo en números absolutos sino en valor porcentual, por lo menos. No lo hace la iniciativa privada; quizá privada de iniciativa estratégica.

También empiezan a surgir esfuerzos, son incipientes. En Nuevo León hay un llamado para que científicos de la UANL, la Universidad de Monterrey y el Tecnológico de Monterrey propongan soluciones para la movilidad urbana (https://wheelingmobility.com/ ). Es recurso privado con una demanda de cierta especificidad, pero, una vez más, con alcance localista. Seguramente, de tener una estrategia más planeada, podrían recibir propuestas, oferta pues, de soluciones que, con base en competitividad, complementarían instituciones de todo México. Y, después, del mundo.

Si bien hay logros aislados en CTI, estos son alcanzados a puro pulmón. No existe una estrategia en México, ni el ámbito púbico ni el privado, para establecer hitos en la relación oferta-demanda del conocimiento. Ahora que está de moda ser dicharachero; diré que esos éxitos son garbanzos de a libra.

Así, mientras en otras latitudes los presupuestos de financiación obedecen a estrategia, muy lamentablemente, en México sólo vemos remedos en lo público y en lo privado; en el mejor de los casos hay intentos incipientes.

(Ricardo Femat es Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias)