No se puede dejar al olvido que CONACYT ha sido omiso en atender la solicitud de centenas de profesionales de la Ciencia, Tecnología e Innovación, CTI, relativa a la revisión del nombramiento del titular de la FGR, a quien se le otorgó, en un procedimiento por demás sospechoso, el nivel más alto, Nivel 3, del Sistema Nacional de Investigadores, SNI.

Ahora, el extitular de la UIF fue reconocido con el Nivel 2; recordemos que fue retirado del cargo luego que su boda fuera celebrada en el extranjero y que ahora es asesor del recién electo gobierno nayarita.

En un tuit, Santiago escribió “Agradezco al @Conacyt_MX #SNI que me hayan ratificado como investigador nacional nivel II. Una vez más tengo el alto honor de recibir esta distinción. La vocación académica debe ir orientada a analizar y generar propuestas para resolver los problemas nacionales”.

“Una vez más”, dijo; hecho que llamó la atención de esta columna y otros colegas.

La revisión de bases de datos de CTI no se hizo esperar, no se hallaron publicaciones, luego de diferentes combinaciones usadas para la búsqueda, ni en Scopus ni en Google Académico; tampoco en el Web of Science se habían hallado productos científicos –patentes, artículos en revista u otro- al cierre de esta columna.

Veamos contexto, CONACYT publicó el 11 de enero los resultados de la convocatoria a permanencia o reingreso al SNI; no omito decir que esta vez se indujo discontinuidad que ha afectado a muchos profesionales de la CTI.

La afectación es porque la membresía al SNI ha evolucionado en un elemento de certificación dentro de instituciones de educación superior, de dónde el porcentaje y nivel en el SNI permite acreditar programas educativos de licenciatura y posgrado; luego, quienes no cuentan con la membresía ven incrementada la carga docente, disminuidos sus estímulos por productividad o ambos.

Al inducirse discontinuidad en el inicio del actual periodo lectivo, no provocada por las personas, sino causada por CONACYT, dado que el proceso de programación de cursos es previo y que las instituciones no contaban con los comprobantes de membresía, como las reglas son claras, se afectó la carga de trabajo de quienes esperaban los resultados en la citada convocatoria o sus estímulos de complemento al ingreso por productividad.

Un ejemplo de lo anterior está en la Universidad de Guadalajara, cuya programación de cursos se da en enero ya que se inician cursos cada marzo; lo anterior sin contar a quienes solicitarán reconsideración.

Diré que “Ya no es como antes”; antes, en consideración a las personas, al pueblo con bata o pizarra, pues, se resolvían, incluso las reconsideraciones, hasta la firma de convenios y todo el proceso, a finales del año previo para evitar, precisamente, discontinuidad en la membresía.

Bien, regresemos al extitular de la UIF, una cantidad importante de colegas quedan fuera por no cumplir con lo establecido en criterio o reglamento; eso no está mal, siempre que se aplique parejo, no es el caso.

El reglamento del SNI establece que la productividad debe ser sostenida para la permanencia o reingreso, con criterios diferenciados por área del conocimiento, pero nunca nula; como se dijo arriba, no se ha hallado productividad de Santiago en las bases de información.

Además, el reglamento del SNI exige al menos 20 horas por semana de dedicación exclusiva a la investigación en una institución con vocación en la CTI; situación que de hecho implica, cuando menos es así para los mortales sin influencias, dirección de tesis, impartición de cursos e investigación científico-tecnológica (léase productos con adscripción en dónde se cuenten esas 20 horas por semana).

¿En qué momento hace Santiago la investigación o cumple 20 horas/semana? Inverosímil.

Entretanto, colegas de la CTI se soban el lomo, no es para lástima, a fin de cumplir y no necesariamente lo logran; eso en meritocracia, ¿qué dirá Claudia, que todos deben tener membresía en el SNI? 

Hay preferidos de este régimen, hay quiénes no lo son.