No es novedad que el presidente mexicano tiene un especial gusto por la victimización.

Tampoco es nuevo que el propio López Obrador se coloca, a manera de “galardón”, el “sambenito” de que él y su gobierno son los más insultado y ofendido, lo cual es una apreciación falsa que más bien parece justificar la critica a sus magros resultados.

         Por ejemplo, en el “informe” que ofreció con motivo del segundo año de la victoria de Morena, en las presidenciales de julio de 2018, Obrador de nuevo recurrió a la victimización cuando dijo que “nunca, en más de un siglo, se había insultado tanto a un presidente de México”.

         ¿Es López Obrador el presidente más insultado o será que se trata de uno de los presidentes más cuestionados? ¿No será que cuando mayores son los fracasos de AMLO la crítica por el mal gobierno también se incrementa?

         Pero, vamos por partes.

         Primero, vale decir que criticar no es sinónimo de insultar o de atacar pero, sobre todo, que la crítica profesional –apegadas al género periodístico de opinión, ensayo, reportaje o investigación–, son uno del más saludable ejercicio de la democracia.

         Y, segundo, que nadie debe olvidar que gracias a la fuerte crítica en los medios –critica que en su momento formularon periodistas y profesionales de la opinión–, el juicio de la historia colocó en el bote de basura a gobiernos criminales y presidencias fallidas como las de Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, Miguel de las Madrid y Carlos Salinas, entre otros.

         Pero tampoco era la primera ocasión en que López recorría a la victimización. En la “mañanera” del martes 30 de junio dijo algo muy parecido, cuando formuló un reclamo sobre los presuntos excesos de algunos periodistas que han criticado a su gobierno.

         El “golpe” era contra Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga y Carlos Loret. Así lo dijo: “Lo que recomiendo es que haya respeto, pero mucha polemica, como la hay en los medios; les estoy hablando de que a mi me insultan y yo no me quejo; estan muy molestos los conservadores… y es que son muy dados a tirar la piedra y esconder la mano… les gusta hacer y no les gustan que les hagan… y cada que les surge algo… pegan el grito en el cielo…”.

         ¿Cómo debemos entender la declaración anterior de López Obrador? ¿Es un aviso de venganza contra quienes lo critican? ¿Cree el presidente que la responsabilidad de un servidor público es igual a la de un periodista?

         Está claro que el presidente no conoce o no quiere reconocer el papel que, en democracia, les corresponde a los críticos, por un lado y, por el otro, a los gobernantes y a todos aquellos que se desempeñan en el ejercicio público.

         De nuevo, el presidente dice que a él lo insultan y que no se queja –a pesar de que dicha expresión es, de suyo, una queja–, pero lo más importante es el mensaje que manda a los criticos “les gusta tirar la piedra y esconder la mano” y luego remató lapidario: “cuando les surge algo, pégan el grito en el cielo”.

         ¿Acaso cree el presidente Obrador que criticar los errores de su gestión, el nepotismo, la mentira y revelar la corrupción de su gobierno, el fracaso en la contención de la pandemia… es tirar la piedra y esconder la mano?

         No sabe o no lo quiere saber el presidente, que la institución social llamada “opinión pública” –que incluso se reconoce en constituciones como la de España–, no solo tiene el derecho, sino la obligación –a través de los medios y los periodistas–, de investigar, indagar, revelar, señalar y criticar a todas las formas del poder; el poder público, político, ecomómico o religioso.

         Pero hay más. ¿Acaso cree el presidente mexicano que denunciar la  censura de Estado, acoso oficial y la persecusión contra medios y periodistas, “es poner el grito en el cielo”?

         ¿No sabe que la libertad de expresión y el derecho a la información están consagrados por la Constitución? ¿No sabe que él, todo su gobierno y, en general los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están obligados a la máxima transparencia y a la rendición de cuentas? ¿No sabe que informar, investigar, indagar, revelar, señalar y criticar, son libertades democráticas escenciles para la democracia?

         Está claro que Obrador ignora su papel como jefe del Ejecutivo y que gusta de violar la Constitución, todos los días, además de que lo suyo es la autocracia vertical, autoritaria y hasta dictatorial.

         Y si lo dudan, va una joya de la “mañanera” del jueves 2 de julio.

         El presidente dijo tener pruebas de actos de corrupción y dinero detrás de la liberación de “El Mochomo”, uno de los presuntos responsables del crimen de los 43.

         ¿Pero qué creen?

         Que al presidente no le compete, por mandato constitucional, recabar ningún tipo de pruebas sobre un asunto judicial. Le corresponde, en todo caso, al Ministerio Público o a los jueces del caso.

         Es decir, que de voz del propio presidente –y en un intolerable alarde de su poder absoluto, en cadena Nacional–, AMLO confirma que sin pudor viola la Constitución y, peor aún, le otorga el certificado de muerte a la División de Poderes.

         Y esa intolerable violación constitucional amerita la más severa crítica de todos los periodistas que hacen bien su trabajo.

         Y es que a mayor fracaso, a mayor autoritarismo, a mayor violación constitucional, el presidente Obrador recibirá una mayor crítica.

         Y si, presidente Obrador, la crítica sólo es un insulto para los sátrapas y autoritarios.

         Al tiempo.