¿Desaparición de Morena?
Hay una enorme diferencia entre la desigualdad y la falta de trayectoria. Confundir ambas cosas es un error, o una estrategia. Decir que no existe “piso parejo” porque otros aspirantes ocupan cargos públicos omite deliberadamente el origen de los mismos: años de militancia, trabajo territorial, campañas, derrotas, victorias y construcción de liderazgo dentro del PAN. Es decir, no llegaron ahí por casualidad.
Llama la atención que Marcelo de los Santos Anaya pretenda colocarse en el papel de víctima cuando durante casi dos décadas estuvo prácticamente ausente de la vida pública y partidista de San Luis Potosí. Mientras Verónica Rodríguez, David Azuara y Rubén Guajardo recorrían calles, organizaban estructuras, defendían causas del partido y construían una carrera política, él no figuraba en esa historia. Hoy pretende competir contra quienes sí hicieron ese recorrido y presenta esa diferencia como una injusticia.
No, Marcelo. No. Eso no es falta de piso parejo. Lo que observas es la consecuencia natural de haber llegado tarde.
En democracia, el mérito no es heredable. Los apellidos pueden abrirte una puerta, pero jamás sustituyen el trabajo, la cercanía con la militancia ni la legitimidad que se construye durante años. Pero además, el PAN con que gobernó su padre entre 2003 y 2009 ya no existe. Han pasado 18 años, nada más.
Surgieron nuevos liderazgos, nuevas generaciones y nuevos cuadros que mantuvieron vivo al partido cuando el poder ya no estaba de su lado y cayó estrepitosamente. Ellos pagaron el costo político de permanecer y otros simplemente reaparecieron cuando volvió a ser atractivo participar.
Resulta paradójico que quien llega respaldado por el peso de un apellido histórico y por el evidente acompañamiento político de actores con algo de poder (tampoco la gran cosa) quiera vender la narrativa del aspirante desprotegido.
La verdadera desventaja habría sido construir un liderazgo desde cero, sin herencia política, sin un apellido conocido y sin padrinazgos. Esa sí es una cuesta arriba.
En política, el “piso parejo” significa reglas iguales para todos, no borrar las diferencias que cada quien ha construido con años de trabajo. Pretender que la trayectoria de los demás sea vista como un privilegio indebido es, en realidad, desconocer el valor del esfuerzo político.
Si alguien llega con menos capital político que el resto de competidores, la salida no es descalificar o invisibilizar el camino que ellos recorrieron, sino preguntarse (aunque todos sabemos la respuesta) por qué decidió no transitarlo nunca.




