La Nueva Normalidad, un término adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para hacer conciencia sobre la realidad que ha impuesto el coronavirus Covid 19, entrará en vigor por primera vez en la historia en México.

La fecha elegida fue el lunes 18 de mayo, un día en que al menos el 10 por ciento del territorio nacional podrá volver a realizar algunas actividades cotidianas, no todas a las que estábamos acostumbrados hace apenas tres meses.

Es increíble que hace un trimestre el país no tuviera ni idea de lo que venía, por más que en Asia, Europa y el vecino Estados Unidos, el virus prendiera las alarmas y comenzaran a tomarse medidas.

Aquí, sin embargo, nadie nos preparó para enfrentar la pandemia, todo se hizo sobre la marcha. El presidente Andrés Manuel López Obrador seguía con sus giras, besos y abrazos, justo cuando la instrucción de la Secretaría de Salud Federal en voz del subsecretario Hugo López-Gatell Ramírez decía que ya no era posible saludarse de mano y reducir las concentraciones masivas de personas.

Y hoy, cuando ya entramos a la Nueva Normalidad, seguimos en las mismas.

Ni siquiera en plena subida a la curva de los contagios del virus, hemos acatado al 100 por ciento las medidas sanitarias de la Jornada Nacional de Sana Distancia, que en otras palabras es la cuarentena, cuyo principal propósito es quedarse en casa.

¿Cómo, por lo tanto, asumir la Nueva Normalidad si ni siquiera lo más básico pudo ser cumplido a cabalidad?

Pero ya no hay tiempo para lamentaciones. Llegó la hora de aprender, como todos en el planeta, que el coronavirus no se termina por decreto. Es decir, no a partir del 18 de mayo ni tampoco desde el 1 de junio cuando el aislamiento domiciliario sea levantado en todo el país.

En el caso de San Luis Potosí la responsabilidad es muy grande para el Gobierno del Estado y su Secretaría de Salud. El gobernador Juan Manuel Carreras López deberá tomar las mejores decisiones con apoyo del equipo médico y técnico encabezado por la secretaria de Salud, Mónica Rangel Martínez.

Deja un sabor de boca agridulce la falta de medidas más efectivas en materia de movilidad. Las leyes y sus reglamentos para eso están hechos, pero al parecer no se han querido utilizar y sería lamentable que privara en eso el interés político. Siempre hay posibilidades de poner en orden a los ciudadanos sin violar la Constitución y los derechos humanos.

El caso es que cuando México entre a su Nueva Normalidad, San Luis Potosí apenas estará en el lomo de la curva pandémica y aún es incierto si su número de contagios podrá ser manejable. Se cree que sí, debido a que logró lo que al parecer es una buena reconversión hospitalaria y hay suficientes camas y respiradores. Además, no ha habido necesidad de utilizar ninguna de las Unidades Centinela en otros espacios como la Fenapo, deportivos o auditorios de todo el estado, para atender de forma primaria a pacientes caídos en cama.

La Nueva Normalidad implicará muchas acciones. Las principales ya las conocemos, desde el clásico lavado continuo de manos hasta tener que encerrarse en casa. Pero vienen otras medidas y decisiones con base a un semáforo de contagios. Y si no entendemos esto, el Covid 19 estará feliz, feliz, feliz…