
Las pugnas arancelarias y el efecto Trump
En el caso del partido político más longevo de nuestro país, el Revolucionario Institucional (PRI), se percibe claramente ya el olor a “muerto”. El personaje más importante en la inminente desintegración de este partido es Alejandro “Alito” Moreno.
Este monero incluso sospecha que, en su elección como presidente nacional del PRI, Andrés Manuel López Obrador tuvo injerencia. Para el siniestro expresidente, era conveniente que Alito tomara la silla principal del partido porque, seguramente, tiene en su mano la suficiente «cola» para pisarle. Todos fuimos testigos durante su sexenio de cómo los doblegó una y otra vez.
Además del bagaje asqueroso que arrastra Moreno, es notorio el impacto de su ineptitud como dirigente, evidenciado en los constantes errores que ha cometido. Carece de credibilidad, lidera únicamente por conveniencia, y está claro que, como oposición, no tiene ninguna oportunidad. Reitero: el ocaso del PRI está en marcha.
Su pésima gestión también se refleja en la manera en que interviene en los asuntos internos de las dirigencias estatales del partido. Al menos en San Luis Potosí, su influencia es evidente al imponer líneas estratégicas deficientes y formas de conducción absurdas a los presidentes estatales. Esto no es más que parte de su misión velada para acabar con el partido. La corrupción sigue brotando de manera purulenta, y las estrategias ineficaces perpetúan la ineptitud con que la dirigencia nacional opera.
En San Luis Potosí, la presidenta estatal del PRI cierra un ciclo haciendo un espectáculo con su «tarjeta roja de expulsión», disparada a diestra y siniestra contra la militancia. Una de estas expulsiones recayó sobre Enrique Galindo, el alcalde de la capital, bajo argumentos ridículos como, por ejemplo, “sospechas” de corrupción.
Hasta donde este monero sabe, no se puede condenar a una persona de ninguna forma únicamente por sospechas. Si no hay pruebas, evidencias o una sentencia del sistema judicial, no se puede actuar ni decidir en contra de ningún ciudadano.
A esto se suma la renuncia de varios militantes importantes del PRI, hartos de las ridiculeces, injusticias y decisiones nocivas tanto de las dirigencias nacionales como estatales.
En fin, el partido se desgaja, y la presidenta estatal todavía tiene el descaro de buscar reelegirse por un nuevo periodo. ¡Hay que ver el cinismo!