Apenas había dado vuelta el siglo 20, el 16 de enero de 1901, en una Cuba que entonces era un protectorado de los Estados Unidos, nació Fulgencio Batista y Zaldívar quién siendo militar estuvo involucrado en un golpe de estado en 1933, por el cual gobernó tras bambalinas la isla hasta que en 1940 fue electo presidente democráticamente por un período de 4 años. Pero en 1952 trata de volver al poder y al verse poco favorecido realiza otro golpe de estado, se erige como presidente al más puro estilo de los dictadores latinoamericanos de cepa. El descontento que trajo su pésima administración totalmente abocada a enriquecerse y favorecer las empresas legales e ilegales estadounidenses hace que a pesar de que mantiene represión contra sus opositores, la prensa y aquellos que osan realizar manifestaciones y huelgas. Al final, un grupo de jóvenes guerrilleros logró su derrocamiento en 1959.

Fidel Alejandro Castro Ruz por su parte nació 25 años después que Fulgencio Batista y este joven abogado encabeza el combate de guerrilla logrando la destitución del dictador en dicho año de 1959. El simple hecho de haber derrocado a un presidente favorecido por el gran monstruo Estados Unidos y haberse sostenido en el poder con una manifestación de principios populistas apegadas al socialismo, lo erigió como uno de los ídolos de las juventudes de los 60 y 70 en América Latina. Pero después de años de ser el único gobernante en la isla, de haber perpetrado varios crímenes contra la humanidad, especialmente contra sus opositores, poco a poco la imagen de Fidel como un idealista salvaguarda de los intereses de su pueblo se cayó, dejando ver a un individuo empapado de poder y dispuesto a lo que sea por no cederlo.

Quitando el polvo y la paja, nos quedamos con dos dictadores; uno qué se benefició al explotar a su país en favor de los vecinos y otro qué también se benefició personalmente, pero sin ceder el terreno hacia el imperialismo yanqui y logrando sostenerse en el poder por más del doble de tiempo qué su antecesor y enemigo. Pero ambos definitivamente quedaron marcados como dictadores, como efigies en los lados opuestos de la moneda, pero con el mismo efecto de opresión, miseria, autoritarismo, populismo, ilegalidad y represión. Las diferencias ideológicas poco tienen que ver si se visualiza la situación de Cuba desde una perspectiva general. Pero si se analizan las figuras históricas de Fulgencio y Fidel, en realidad resultaron más parecidos de lo que quisieran sus detractores y admiradores admitir.

Según la visión de este monero, el resultado es que tenemos dos dictadores en el infierno mientras Cuba la bella es un infierno en sí. Ahora parece ser necesaria una revolución contra la revolución cubana. Esperemos nunca ver a México en algo como eso.

Si como no.