Palabras y juicios irredentes
Acababa de abrir el libro Un héroe de nuestro tiempo, de Mijáil Lérmontov, cuando unos toques en la puerta y una voz me anunciaron la cercanía de un sismo. La alerta sonaba insistente. Corriendo como todos los vecinos en esos momentos cruciales y en el tope con muchos, vimos que el sismo no se expresó por fortuna en nuestra colonia, pero poco más tarde supimos que tenía epicentro en Oaxaca y se había expresado en magnitud 5.7. No era pues, una broma. Para entonces, ya frente al libro, yo ya había llegado al Cáucaso y otros acontecimientos me esperaban.
Empezaba a seguir los pasos del famoso personaje, Gregori Alexandrovich Pechorin, el que ha dejado maravillados a sus lectores desde 1839 cuando se dio a conocer, por la clara descripción que hace el autor ruso de un personaje atrayente, estéril en su vida diaria pese a su cultura y superfluo en sus definiciones ante lo fundamental.
Un héroe literario que ha definido a millones de seres en el mundo y que nosotros vemos a diario en esos que viven con aburrimiento la vida diaria pero que carecen del compromiso ante los demás. Los ejemplos pueden ser parte de nuestro país, pero se recalcan en los habitantes de Estados Unidos que ven como su país se desangra y ellos siguen estando en la superficialidad de sus vidas.
Para muchos autores, Lérmontov es uno de los grandes escritores que ha dado el mundo, pese a su desaparición temprana a los 27 años. El libro Un héroe de muestro tiempo, (Siglo Veintiuno Editores 2007), tiene otras ediciones en Argentina y en España, además de editoriales rusas que lo han editado permanentemente.
Es uno de los pocos autores en el que coincide la grandeza de su obra con el reconocimiento de los más grandes escritores de Rusia de la época posterior.
En uno de los prólogos del libro se consigna, por ejemplo: Chéjov decía que uno de sus relatos Tamán, “Es el modelo de arte de la escritura del cuento. No conozco un lenguaje mejor que el de Lérmontov”. Gogol señalaba: “Nadie ha escrito nunca un ruso tan conciso, bello y fragante”. Para Máximo Gorki, “En los versos de Lérmontov empiezan a resonar el ávido deseo de acción y de participar con energía en la vida”. Y así por el estilo.
Vale leer este bello libro porque, aparte de abordar otras de sus obras y poemas, tras leer los seis relatos, se puede constatar la belleza de su redacción y la agilidad de su imaginación al presentar al militar Pechorin y su estilo de vida, todo en el devenir del Cáucaso.
Lérmontov, en esas traiciones que da la vida, murió a los 27 años en 1841 en un duelo, cuando había luchado para denunciar la muerte temprana de Pushkin, ya que creía que había algo planeado. No hay que olvidar que Pushkin era un gran crítico de su tiempo.





